DF: contra la sed y el miedo

Para las megaurbes no hay dinero que alcance, por lo que resulta vital jerarquizar prioridades y no distraer recursos en obras no urgentes o con propósitos de proyección política. En ese tenor, Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno capitalino, empieza con un orden lógico que ubica en el presupuesto presentado esta semana a la seguridad pública y al agua como asuntos que requerirán especial atención.

Estimado en aproximadamente 97 mil millones de pesos, del Presupuesto de Egresos para 2007 la mayor cantidad, 23 mil millones, van a seguridad en la ciudad. La jerarquización en este sentido no es distinta de lo que hizo el gobierno federal con su monedero para atender a lo que la ciudadanía califica como su preocupación mayor. Lo cual no quiere decir que los capitalinos desde ya puedan salir confiados a caminar en las noches o abran sin temor las rejas de su casa para meter su auto o perciban que hay menos narcomenudeo.

El miedo es un habitante omnipresente del Distrito Federal; las estadísticas oficiales no lo miden, pero las conversaciones recurrentes y los casos que cimbran a comunidades específicas, como las absurdas muertes de quien se resiste a un asalto por instinto o los robos de coches en el propio domicilio, nos recuerdan que falta mucho por hacer y es bueno que la autoridad lo reconozca pidiendo que la inversión pública del próximo ano sirva para enfrentar tal reto.

En materia de agua, oscilamos entre profecías apocalípticas del Día del Juicio Final y escenas del Arca de Noé. De la sed al desbordamiento.

De acuerdo con la Comisión Nacional del Agua, la disponibilidad de líquido por habitante en el DF es hoy 60% menor a la que había en 1950. Los sistemas Lerma y Cutzamala están agotándose. Los conflictos por la posesión del agua han comenzado. El Frente Mazahua ha cerrado dos veces en los últimos dos anos las compuertas de la planta potabilizadora de Los Berros, en el estado de México, dejando seca a una amplia zona del valle de México.

La paradoja es que en temporada de lluvias el agua es un problema por su abundancia. Bienvenida, pues, la duplicación de recursos destinados al desazolve, 2 mil 500 millones de pesos y la reparación oportuna de fugas en la red hidráulica, que hacen que se pierda un alarmante 40% del líquido que llega a la ciudad.

El asunto va tan en serio que el GDF propuso ayer tipificar como defraudación fiscal un delito que amerita cárcel, al contribuyente que no pague por su agua, ?uno de cada dos habitantes!

Entre lo urgente y lo importante, el presupuesto contempla seguir subsidiando al Metro y abrir una nueva línea de Metrobús. Atrás quedaron los segundos pisos, que serán sustituidos por mejoras en transporte público, para desalentar el uso del automóvil.

La ciudad de México no es tan terrible como se pinta, pero ciertamente aún con sus problemas podremos todos vivir mejor si los recursos, siempre escasos, se ejercen escrupulosamente en un ámbito de finanzas sanas, sin endeudamientos irresponsables, que sólo heredarían la explosiva bomba de su pago a las siguientes generaciones de capitalinos. El país mismo merece que su capital tenga futuro y viabilidad. (El Universal).