"El jefe de Gobierno del Distrito Federal, Alejandro Encinas Rodríguez, dará inicio manana a una cruzada para persuadir a los embajadores aquí acreditados que ya hay en la ciudad de México resultados suficientes contra el crimen y la inseguridad como para que los turistas, inversionistas, comerciantes, intelectuales y artistas de sus países vengan con toda confianza.
La primera reunión será con los representantes diplomáticos de los países del hemisferio americano, inclusive Tony Garza, de Estados Unidos, quien de palabra y obra ha manifestado severamente su preocupación por la inseguridad y violencia en todo el país.
Encinas busca, además de dar confianza, probar que ""un gobierno de izquierda tiene capacidad para asumir responsabilidades"", en momentos en que el aspirante presidencial del PRD ha sido cuestionado por un presunto antinorteamericanismo de la izquierda tradicional.
Atenido a las estadísticas de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, Encinas puede decir que, de junio de 2004 a junio pasado, los delitos denunciados únicos contables globalmente considerados disminuyeron de 450.7 a 439.33 denuncias diarias. Aquí se incluyen asaltos en las calles, en las casas y negocios, así como los robos de automóviles.
Sin embargo, y según el mismo registro, los homicidios dolosos aumentaron en el mismo periodo en casi 8%, igual que el de las lesiones dolosas, que subieron de 36.4 a 42.89 diarias; en esta cifra se incluyen los secuestros, de los que, por lo mismo, se pierde su dimensión exacta.
El trato poco comedido, la corrupción, las complicaciones burocráticas y la constatación de que la impunidad favorece a los delincuentes hace que muchas víctimas eludan el trato con los empleados de las delegaciones policiales, en donde sin recato pululan gestores incapacitados y mal intencionados, muchas veces, para llevar a cabo una tarea de esta naturaleza. Como jefe de Gobierno del Distrito Federal, Encinas tiene legítimo interés en lavar la imagen de la ciudad y acicalarla lo mejor que pueda, para efectos de promoción y prestigio. Dos cosas, sin embargo, debe tener a la vista.
En primer lugar, los diplomáticos son cuidadosos observadores de lo que sucede en los países donde cumplen su misión y de lo que ocurre detrás de lo aparente. Es su oficio. Están atentos a lo que informan los cada vez más eficaces medios de comunicación, mantienen contacto permanente y sistemático con funcionarios, empresarios, intelectuales y otros diplomáticos, y además tienen su propia experiencia, la de sus allegados y colaboradores, y la de los nacionales de su país que de pronto son víctimas de un malhechor.
Además, el senor Encinas no solamente debe preocuparse por lo que se dice más allá de nuestras fronteras, por mucho que le interese, pues su puesto no es el de secretario de Relaciones Exteriores; su deber primero, su interés mayor, su objetivo principal no ha de ser el manejo de las cifras estadísticas, con la que se puede demostrar una cosa y su contrario, sino el de abatir en verdad los índices de criminalidad, lograr que los ciudadanos y visitantes del DF puedan salir a la calle con la certeza, no sólo la esperanza, de volver salvos a sus hogares.
Esa es la meta que deseamos y debemos alcanzar. Solucionar el problema y que, primero que nadie, los habitantes de la capital estemos bien informados de ello. No para allanar tránsitos de campana electoral, sino para que los funcionarios cumplan con su responsabilidad de garantizar en todo momento la seguridad pública en el DF. Si esto es así, ya los resultados se conocerán fuera del país, para beneplácito de todos. (El Universal)
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