Día de juguetes| zy de violencia?

"Reconozcámoslo. No hemos logrado vencer los atavismos culturales que vinculan los juegos infantiles con la violencia; especialmente en el caso de los ninos y adolescentes. Es inútil argumentar en contra. Vendedores de juguetes consultados por este diario confirmaron que las pistolas, los rifles y sus variaciones fueron de lo más comprado esta temporada navidena. ?Y luego nos quejamos de la cultura de la violencia en la sociedad!

No sólo fueron las armas de fuego simuladas las más vendidas, sino los videojuegos con gran despliegue de agresividad, sangre y muerte. Golpear, mutilar, agredir, asesinar son parte natural de la vida lúdica de nuestros hijos, sobrinos y nietos, quienes de esa manera cierran en casa el círculo abierto en muchos medios de comunicación e Internet, donde la violencia no sólo es lo normal, sino el centro mismo de la ""diversión"".

zPor qué espantarnos después por fenómenos como la narcocultura, la violencia callejera o la música vinculada a mensajes de armas? zCómo pedir el día de manana a los adultos que crecieron con tales influencias respeto a la vida humana, cuyo valor fueron perdiendo en cada juego?

Si esta Navidad se nos pasó como buena oportunidad para evitar ese tipo de mensajes en los regalos, tenemos el Día de Reyes y el resto del ano para corregir el camino. Lo que está en la balanza no sólo es una cuestión moralina, sino el trasfondo ético que evitará la ruptura del tejido social. Ningún juego es inocente; es parte integral de la construcción de la personalidad de los seres humanos.



Conjuras contra los políticos mentirosos

El desprestigio de los políticos en el mundo no es gratuito. Encuestas de credibilidad y confiabilidad como las que elaboran cada ano Latinobarómetro y otras instituciones similares revelan la casi natural desconfianza de los ciudadanos hacia quienes se dedican de tiempo completo a la actividad política. México no es la excepción.

Por eso no extrana que en Estados Unidos organizaciones independientes y medios de comunicación se dediquen cada vez con más frecuencia a verificar la información que dan los políticos en sus discursos.

Sobre todo ahora que en el vecino país se alistan para las elecciones primarias, en las que se elegirá a los candidatos presidenciales de los dos grandes partidos, el Republicano y el Demócrata, momento en que los aspirantes arriesgan frases y comentarios que les ganen el favor del potencial electorado.

Un somero análisis de sus exposiciones públicas revela que cuando no mienten con flagrancia hacen declaraciones efectistas que no necesariamente se apegan a la verdad. Los 'fact checkers' o verificadores de datos son oficinas que se encargan de contrastar los dichos con los hechos.

En México no estaría de más que se extendiera la democrática práctica de comparar lo que dicen los candidatos con la realidad. De alguna manera los medios de comunicación han cumplido esa labor, aunque no tanto como para convertirse en una cultura extendida.

No es inusual que cada partido político busque inconsistencias en el discurso opositor para explotarlas a su favor. Pero eso es otra cosa, lindante con la propaganda.

Aquí de lo que se trata es de fortalecer los instrumentos de reflexión social en favor de una cultura de la transparencia y la verdad.

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