Los soldados tomaron el fuerte de San Juan de Ulúa y ondearon la bandera del Imperio mexicano, mientras en el horizonte un barco hispano partía rumbo a Cuba, consolidando así la independencia mexicana. Hace 196 años se creó la Armada, gracias al capitán de Fragata, Pedro Sáinz de Baranda y Borreyro, y a los hombres que dieron su vida por la patria.
De acuerdo a la historiadora de la Secretaría de Marina, teniente de Fragata, María Eugenia Rodríguez Ávila, en 1825 salió el último barco español que se encontraba postrado en el considerado castillo más seguro de la época, la fortaleza de Ulúa, que contaba con muros que rondaban los 30 metros de espesor, donde las huestes españolas resistieron durante cuatro años los embates en contra del despacho de Guerra y de Marina del nuevo Imperio mexicano.
Baranda y Borreyro, por su lealtad al gobierno imperial mexicano, fue ascendido en 1824 como capitán al mando de las balandras “Chalco” y “Chapala”, realizando varias tareas que ayudaron a debilitar al ejército español.
Por tierra, pero sobre todo por mar, el capitán es considerado uno de los mejores estrategas, pues vislumbró que la mejor operación era realizar bloqueos en las comunicaciones y suministros, interceptando navegaciones en el trayecto de Veracruz a Campeche, estado del que era originario.
La historiadora recalcó que la situación de los españoles que protegían la fortaleza de San Juan comenzó a volverse insostenible, ya que eran sitiados por tierra y mar.
“El capitán los hostigaba al grado que ya no recibían víveres por ningún lado, y sin esperanza de obtener socorros, ni mucho menos relevos para la guarnición de la plaza, la fiebre amarilla y el escorbuto, fueron los últimos detonantes de la desesperada situación hispana, viéndose la plaza obligada a rendirse por los defensores del castillo”, narró la teniente.
Esto causó la negociación con las autoridades mexicanas, capitulando el 13 de noviembre a través de un oficio en el que incluyeron 14 peticiones.
Este documento fue sancionado el día 17 de noviembre por los principales jefes del Ejército y de la Marina Mexicana, y el 19 y 20 le fueron entregadas a las autoridades nacionales cinco lanchas, dos falúas, un pailebot y dos botes, además de toda la artillería, armas, montajes, carruajes y otros pertrechos que estaban en San Juan de Ulúa.
El 21 embarcaron al brigadier Coppinger, con su Estado mayor y soldados en el bergantín “Victoria” de la Armada nacional, y al resto de las tropas las pusieron a bordo de los buques mercantes “Guillermo” y “Águila”, fletados por nuestro gobierno, partiendo todos los españoles el día 23 de Veracruz a Cuba.
“Ese día se reconoce como memorable por ser el de la consolidación de la Independencia nacional, ya que a las 11 horas se izó nuestro pabellón nacional en la fortaleza, terminando con ello la secular dominación española sobre el suelo de nuestra patria”, subrayó la historiadora.
A don Pedro Sainz de Baranda, que le tocó consumar y asegurar la soberanía nacional, por tal suceso es considerado como el primer marino naval mexicano. Si bien falleció en Campeche, sus restos fueron re-inhumados en la Rotonda de las Personas Ilustres en la Ciudad de México el 20 de marzo de 1987, con los correspondientes honores navales.












