Día de Muertos, festividad milenaria

Día de Muertos, festividad milenaria

La tradición de conmemorar a los muertos es tan antigua como la aparición de los primeros hombres sobre las tierras de Mesoamérica, desde tiempos milenarios el hombre prehispánico contaba con una cosmovisión relacionada con la muerte, figura que respetaba, admiraba y se le asemejaba.

Los primeros mexicanos concebían a la muerte de una manera diferente a la actual, primeramente creían que el morir era transcender a otro mundo, a otro plano existencial; no era una cuestión bilateral cielo-infierno, sino un trayecto hacia otros mundos.

La vida y la muerte estaban entrelazadas; los dioses prehispánicos del inframundo, de los cielos, de la vida y la muerte eran similares, compartían facultades, tributos y las semejanzas con sus creadores eran íntimas, paralelas.

“Así es como los dioses nacen, mueren, aman, se reproducen, gozan y sufren al igual que ocurre con su creador: el hombre. Dioses iracundos o benévolos, buenos o malos, rencorosos o dadivosos, masculinos o femeninos, todos son revestidos de atributos que los caracterizan e identifican”, escribió Eduardo Matos Moctezuma, en su libro La muerte del hombre por el hombre: el sacrificio humano.

Sin embargo, lo único que diferenciaba a los dioses de los hombres fue que los primeros eran inmortales, jamás conocerían a la muerte, los segundos sí; característica que aparentemente originó en los mexicanos, a través del tiempo hasta nuestros días, que se le conmemore, festeje, respete, admire y se le rinda culto.

Día de Muertos

No existe dato alguno que indique la fecha exacta sobre la creación de las primeras conmemoraciones hacia la muerte, tal como los conocemos hoy, se sabe que probablemente es un sincretismo prehispánico-cristiano, nacido al arribo de los conquistadores españoles.

Con la evangelización de los primeros pueblos originarios, se comienza a dar una “combinación” en la cosmovisión sobre la muerte en los primeros sometidos, los recién conquistados, los primeros mestizos.

“Fueron los grupos precolombinos que sobrevivieron la Conquista, quienes al ser sometidos por la cultura occidental recogieron algunos de sus cultos pasados, con el fin de que los católicos justificaran los designios de su dios al conquistarlos”, comentó la profesora e investigadora, adscrita a la Dirección de Estudios Históricos de la Coordinación Nacional de Antropología del INAH, Elsa Malvido.

La experta también cree que las fechas 1 y 2 de noviembre fueron destinadas para celebrar a los santos difuntos, debido a que los arqueólogos y antropólogos de la década de los 30’s del siglo pasado, época Cardenista, intentaron insertar dichas fechas al calendario ritual mexica, considerándolo general a todo el territorio mexicano.

En México los muertos nunca mueren

Tras 300 años de época colonial, 100 de lucha independentista y reformista, 10 años de revolución y alrededor de 70 años del México contemporáneo, la conmemoración hacia los muertos fue variando y adquiriendo nuevas ópticas por parte de la sociedad mexicana.

Una de ellas es la de acompañar a nuestros difuntos en los camposantos, donde a diferencia de otros países del orbe, en México se les acompaña con alimentos, bebidas, música, flores, todo una algarabía que los mexicanos esperamos año con año.

incluso, existen grupos de mariachis, tríos, marimba y norteños que se dedican especialmente a cantar y tocar música dentro de los panteones en estos dos días, por ello es común visitar al camposanto rodeado de la música popular mexicana.

México es el único país que cuando es Día de Muertos realiza altares complejos, diversos, coloridos, vivos, esperando que el alma de los difuntos visite a los familiares, a los amigos; en este día el mexicano proyecta a la muerte en productos comestibles: pan, dulces y caramelos que luego son ingeridos, la muerte es comida.

Dentro de casa con los altares, o fuera de ella, en los cementerios, los mexicanos dan vida a quienes han partido, un festín multicolor; citando a un periodista brasileño: pareciera ser que en México los muertos nunca mueren.