Día Mundial contra el Cáncer

Hoy se conmemora el Día Mundial contra el Cáncer y los balances nacionales e internacionales sobre la enfermedad no son alentadores. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en los próximos diez anos morirán 84 millones de personas en el mundo por este mal. En México, sólo en el ano 2004 -último dato disponible oficial- estos tumores malignos representaron la tercera causa de muerte en el país, con 61 mil 248 personas fallecidas.

En los hombres, los tumores fatales se concentraron en vías respiratorias y próstata, mientras que en las mujeres, los cánceres cervicouterinos y de mama terminaron con más de 25 por ciento de quienes padecieron enfermedades oncológicas.

Tanto en el caso de la OMS, como en el del Sistema Nacional de Salud, se estima que las únicas formas de poder hacer frente a este mal es mediante el incremento de la cultura de la prevención, pues una detección a tiempo puede hacer toda la diferencia entre vivir o morir por este mal, además de que se requieren presupuestos enormes para seguir desarrollando la investigación que ayude a conocer mejor la enfermedad, sus orígenes y métodos de curación.

Es preciso asumir plena conciencia de la gravedad del problema y trabajar en muchos frentes para evitar que esta terrible enfermedad siga cobrando tantas vidas humanas.

En el ámbito mundial la OMS tendría que participar activamente, no sólo en la conmemoración de un día simbólico, sino en el entramado de un sistema mundial de aportaciones en favor de la lucha contra el cáncer. De manera cotidiana nos enteramos de los enormes presupuestos que se manejan para ganar la conquista del espacio exterior, o lo que se gastan las naciones en la llamada economía de guerra, ya para actualizar sus armamentos, ya para mantener vivos diferentes conflictos bélicos en el mundo. Comparado con lo que se invierte en investigación en salud tales dispendios son insultantes e innecesarios.

Por lo que respecta a nuestro país, no es posible que cánceres que, detectados a tiempo tienen cura, sigan dando muerte a mexicanos. Esto sólo refleja la carencia que tiene la sociedad de información oportuna que salve vidas. Sin una cultura de la prevención no será posible detener el mal: no es tolerable que sigan muriendo mujeres de cáncer cérvicouterino porque no se hicieron un examen a tiempo o porque carecen de los medios económicos para hacer frente a su enfermedad.

Tampoco se vale que hombres sigan cayendo víctimas de los tumores, sólo porque no corrigieron a tiempo su tabaquismo u obesidad, o porque se hicieron análisis de próstata cuando ya el cáncer manifestó síntomas y no se puede hacer mucho para revertirlo.

Este reto, ciertamente, no es exclusivo del gobierno y sus aparatos de salud, sino de instancias complementarias como el propio sistema educativo nacional, para generar desde la infancia una cultura de la prevención, que ayude a generaciones venideras a sufrir menos por culpa de tumores cancerosos.

Por ejemplo, en todas las empresas del país, públicas y privadas, se deben hacer extensivos y hasta obligatorios, entre los empleados, exámenes periódicos de rutina, para ir detectando el avance de una enfermedad que, en sus primeras etapas, es silenciosa.

La OMS calcula reducir en 2 por ciento el número mundial de muertes en los próximos anos, si bien le va. Los mexicanos debemos fijarnos metas aún más ambiciosas en la disminución de la enfermedad, porque independientemente de que se debe invertir mucho más en investigación oncológica, desde ahora están dadas las condiciones para anticipar el mal y corregirlo. Es cosa de voluntad y cooperación de todos. (El Universal)