Diagnóstico de América Latina

Diecinueve jefes de Estado se reunirán en la 15 Cumbre Iberoamericana que comenzará manana en Salamanca, Espana, para examinar la realidad socioeconómica de la región, buscar soluciones a la problemática común y fortalecer una política de integración latinoamericana que robustezca el sistema jurídico y el canje de deuda por educación.

Según el secretario general iberoamericano, Enrique Iglesias, a pesar de una bonanza económica que dice percibir en la zona, ésta no ha incidido en la solución de algunos déficit más evidentes en la región, como son el desempleo, la creciente brecha en la distribución del ingreso y la exclusión social de sectores como el indígena.

Los jefes de Estado de habla espanola y portuguesa enfrentarán ahí el dramático hecho de que América Latina es la zona del tercer mundo que menos crece: 4.5% promedio anual, frente a 5% de los países asiáticos, en tanto que el panorama social con características específicas en cada nación es muy insatisfactorio: 42% de la población está por debajo del nivel de la pobreza y 20%, entre 80 y 100 millones de personas, viven en la indigencia.

El economista uruguayo Iglesias no evade calificar al auge económico como volátil, el cual depende en buena medida de factores externos como el alza en los precios internacionales de materias primas como el petróleo, que multiplicó su precio por el aumento de la demanda y la inestabilidad política del Medio Oriente.

Desangradas por guerras de independencia y pugnas interiores; sometidas por brutales dictaduras militares, justificadas sólo por su anticomunismo oportunista; víctimas de permanentes injerencias extranjeras en su vida política, en su economía y en sus programas de desarrollo, las naciones latinoamericanas transitaron hacia los sistemas democráticos, pero no han logrado aún los beneficios del progreso económico sostenido y equitativo.

Hay clases pudientes que conviven frente a ciudades perdidas, favelas o villas miseria. El primero y el tercer mundo conviven de forma dramática y están a la vuelta de la esquina. Hace tiempo muchos países latinoamericanos desdenaron promover la inversión en plantas ensambladoras, para no volvernos un país maquilador, se decía. No obstante, al ver la evolución industrial que a partir de las maquiladores experimentaron Taiwán y Corea, buscamos con urgencia esas inversiones. China emergió en el comercio mundial como un gigante por sus bajos salarios, pero también por su simplificación de trámites burocráticos, la preparación técnica de sus obreros y la tenacidad de sus negociadores. Si antes nos iba a la zaga, hoy se nos adelanta en la producción de mercancías que antes eran exclusivas de la zona latinoamericana.

Sin ánimo justificatorio, pero sí reconociendo circunstancias, Iberoamérica fue presa de la codicia de los competidores más fuertes, que nos querían como mercado cautivo deprimido, más que como productores en igualdad de circunstancias. Los intereses extranjeros han obtenido ventajas de nuestras divisiones o aun enemistades estimuladas desde fuera.

Es por solucionar todo esto que las reuniones iberoamericanas son un renovado esfuerzo por el trabajo de integración, por la remoción de los escollos que nos son comunes y por la suma de las ideas y acciones.

Todo está dispuesto para que podamos fijar metas para todos y rutas para alcanzarlas; por encima de diferencias de personalidad o las rivalidades que no nacen de nuestra propia voluntad, brilla el deseo de frenar la marcha de los `déficit` para recuperar el paso al frente. La unidad iberoamericana es indispensable para nuestra defensa y fortaleza. (El Universal).