Ayer tres organismos internacionales difundieron estudios referentes al estado que guardan cuestiones sociales en todo el mundo. Por principio de cuentas, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) reveló que México es uno de sus miembros que menos invierte en salud apenas 6.2% del Producto Interno Bruto. El promedio de los países de la OCDE en ese rubro es de 8.2% del PIB, mientras que Estados Unidos dedica 15% y Canadá 9%.
Por otra parte, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), dentro de su programa Objetivos de Desarrollo de las Naciones Unidas para el Milenio, se mostró escéptica de que en América Latina se puedan revertir con rapidez las condiciones de pobreza extrema de sus habitantes, dado que sólo Asia está logrando avances importantes en la materia. Latinoamérica apenas ha logrado disminuir en 11.3% la pobreza extrema y nuestro país no ha ayudado a que dicha situación regional mejore, porque nuestros indicadores no avanzan significativamente.
En seguida, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) informó que el crecimiento de las explotaciones ganaderas en el continente americano es uno de los principales responsables de la destrucción de los bosques tropicales en la región. De hecho, por lo que respecta a México, datos de la Semarnat muestran que el país pierde cada ano 600 mil hectáreas de sus bosques (1.1% de su superficie total) por culpa de esa expansión de la actividad ganadera, la tala ilegal y los incendios.
Los tres diagnósticos preocupan y llaman a reflexión, dado que todos convergen en un innegable deterioro del nivel de bienestar de la población. En ninguno de los tres rubros estudiados salud, pobreza y protección del medio ambiente México puede sentirse satisfecho.
De hecho, forman parte de la política social del régimen, que ha carecido en los últimos anos de una adecuada administración de los recursos destinados a atender las carencias más elementales de los mexicanos, responsabilidad primordial e irrenunciable del Estado.
Es una lástima que las limitaciones de nuestra política social se vean reflejadas tan dramáticamente en estudios internacionales y que al interior del país las autoridades den la impresión de que todo está bien o de que no pasa nada, como si el gobierno mirara hacia otro lado.
En materia de salud es preciso vigilar que los mecanismos de atención y cuidado de las enfermedades sean de amplio acceso poblacional, de alta calidad y con sentido humano. Se debe observar que aquello que está funcionando para hacer llegar a la población la salud, como pudieran ser los seguros populares, en verdad cumplan con su cometido y ayuden a abatir el déficit en la materia que nos senala la OCDE.
En pobreza, es urgente superar el enfoque asistencialista de los programas para corregir los problemas de fondo de la economía en generación de riqueza y de empleos.
Respecto de la deforestación, el Estado tiene la encomienda de disenar una política nacional para salvaguardar las áreas verdes y para hacer frente, con energía, a las bandas de talamontes y a la comercialización ilícita del producto.
En materia social, uno de los mayores logros que pueda tener un gobierno verdaderamente democrático es conseguir que su sociedad viva en un punto de equilibrio. A México todavía le falta mucho para alcanzarlo, por lo que nadie puede enganarse con la idea de que todo marcha bien o que lo que falta sólo son ajustes menores. (El Universal).











