Diplomacia| no armas

"En más de un sentido, el trágico episodio que desde el pasado 28 de junio se vive en Honduras recuerda a otros que se creían superados en América Latina. No sólo por el golpe de Estado encabezado por las Fuerzas Armadas que derrocó al presidente democráticamente electo, Manuel Zelaya, sino ahora por la posibilidad de que el mandatario desplazado esté preparando milicias para recuperar el poder.

Desde Ocotal, en Nicaragua, país que le ha dado alojamiento, Zelaya anunció que comenzaría a formar un ""ejército popular y pacífico"" con el objetivo de retornar a la Presidencia. También ofreció entregar nombramientos de ""comandantes"" a aquellos ciudadanos que lo han apoyado y decidan sumarse a sus tropas personales.

Esta acción, sin embargo, podría constituir el primer grave error para el jefe de Estado depuesto. Arrojar a Centroamérica a una confrontación bélica, eventualmente sostenida y financiada por gobiernos como el nicaragüense, podría quitarle el respaldo entre los miembros de la comunidad internacional que han reconocido la legitimidad de su régimen y presionado al gobierno de facto de Roberto Micheletti.

La tragedia de miles de vidas segadas por las revoluciones en El Salvador, Nicaragua, Guatemala y tantas otras naciones habría de ser aliciente para buscar evitar por todos los medios volver a caminar por esa ruta.

Quizá sea momento para que tanto la Organización de los Estados Americanos (OEA) como los liderazgos de la región entreguen al presidente costarricense, Óscar Arias, mediador en el conflicto, herramientas que permitan una mayor disuasión. De lo contrario, si la vía diplomática fracasa, pronto la lógica de la confrontación en Honduras transitará a una fase bélica de la que será muy difícil regresar. La violencia amenaza pero aún puede impedírsele el paso.



"