Oriundo del municipio de Jiquipilas, Arturo Esquinca es un profesor de Braille, que imparte clases en la Biblioteca Pública Central Jaime Sabines, de la capital chiapaneca. Él mismo padece atrofia del nervio óptico desde los 19 años, hoy tiene 47, y aunque sufre de un 30% de pérdida visual, todas las tardes enseña a niños invidentes a leer y a escribir.
Hace 28 años, cuando Arturo comenzó a perder la vista sin explicación médica alguna, las personas también comenzaron a perder sus rasgos ante su mirada dañada, por lo que él mismo comenzó a reconocer a la gente a través de la voz.
Todo se había perdido. Era la idea que deambulaba ante la noticia que acechó de sorpresa los ojos de Arturo. Entre lágrimas, los recuerdos de pelota y campo, quedarían guardados en la memoria. La diversión se había acabado, sin embargo, aún faltaban muchas cosas por vivir y descubrir.
Los niños, un mundo difícil de comprender, para quien no es uno de ellos y para quien ha olvidado que algún día lo fue. Arturo creció en un rancho, no cursó preescolar, y cuando entró a la primaria el trato con los demás resultó difícil, “tal vez por eso, es que hoy puede comprender mejor a sus alumnos”, dijo el profesor.
“Yo nunca pensé terminar enseñando o aportando algo. Ser maestro es muy complejo, porque no es nada más de decirlo sino también actuar en consecuencia con lo que dices”, resaltó Arturo.
Arturo dice ser partidario de Jean Piaget, psicólogo constructivista, quien teorizó que los niños aprenden mejor en la acción y observación. Tal vez por eso es que los alumnos de Braille, en el Jaime Sabines, canten, actúen y bailen en conjunto con su maestro.
Condenados al olvido. Es la sentencia a la que los niños escondidos o sobreprotegidos por sus padres, son sometidos. Las personas piensan que el ciego no tiene futuro y por ende “seremos inservibles para la sociedad”, mencionó Arturo Esquinca.
Los padres, el mayor impulso. Es la frase que recuerda Arturo a quienes llevan todos los días a sus hijos ciegos a clases. El trabajo más importante es en casa, donde los niños pueden aprender mejor.
Si tuviste buena infancia vas a tener buena vejez. Circunstancias desafortunadas son las que atraviesan las familias a diario, sin embargo, los padres no se dan cuenta que los mas afectados suelen ser los niños. “Yo puedo combatir los males de la vista, pero no los del corazón”, explicó Arturo.
Una vida normal, es el camino al cual regresó Arturo, después de haber entendido que las cosas suceden por algo, y que cada persona en este mundo tiene una misión, buena o mala.
Una amiga en el camino es la compañía que hoy marcha al lado de Arturo. Cumple un año de haberse casado, y entre los deseos próximos se encuentra tener un bebé.
Nublada y empañada, es la vida, que bromeando, dice ver Arturo. Entre risas responde que el único problema que ve, es el que uno mismo puede generarse. Es cierto que se atraviesan por etapas de complicación, pero nadie es culpable.
“Pienso que si entiendes tus carencias, las trabajas y comprendes bien, eres tolerante y tratas de integrarte a la sociedad, aprendes a vivir con todo tipo de personas. Llega el día en que ya no te afecta lo que puedan decirte”, finalizó Arturo, el maestro invidente de invidentes.












