Diseno mexicano en el mundo

Entrampados por la problemática universitaria que cada vez dificulta titular más profesionistas en las carreras llamadas liberales, solemos perder de vista alternativas productivas para las que los mexicanos tenemos peculiar sensibilidad. Somos un pueblo de artistas; por ende, sabemos de colores y diseno. Podemos hacer tan bien un tapete de lana pintado a mano como el interior de un auto de lujo.

Hoy este diario publica el caso de éxito de un taller de Talavera ubicado en la ciudad de Puebla, que promueve el trabajo conjunto de artesanos y artistas contemporáneos, para estilizar y llevar a nivel de producción en serie la cerámica regional y meterla ya no sólo a los museos, sino a mercados de nicho y, por qué no, eventualmente a los masivos.

Manos mágicas y creatividad se unen y confirman las habilidades artísticas de los mexicanos como un filón productivo con gran potencial económico, que requiere, sin embargo, ser tomado en serio, contar con recursos públicos y privados para abrir canales de comercialización que garanticen que obra y diseno nacional compitan globalmente.

Así como la Talavera tiene denominación de origen para los estados de Puebla y Tlaxcala, hay otras manufacturas que caracterizan a regiones enteras de México: las maderas en Paracho, el cobre de Santa Clara, ambas en Michoacán; el barro negro de San Bartolo Coyotepec o los textiles de Teotitlán, en Oaxaca. Y de eso el país está inundado: labrados, bordados, hilados, miniaturas en palma, vajillas, alebrijes.

Su producción suele ser pródiga pero su comercialización azarosa. Se limita a algo propio del folclor para turistas o hobby para coleccionistas. No es mala idea innovar en el diseno y fomentar la producción de escala comercial, siempre y cuando no se pierda la sensibilidad original de los artistas y productores ni se convierta en un producto sin contacto con las manos o la mente de su creador.

En esta labor los disenadores mexicanos tienen todo un campo extenso de posibilidades; artistas y profesionales destacados han hecho de su nombre marca en el mundo: Luis Barragán o más recientemente Enrique Norten, en diseno arquitectónico; pero también hay otros, acaso menos conocidos, como José Luis Díaz de la Vega, que en su momento ha sido uno de los jefes de diseno en varias fábricas automotrices.

Así como el país requiere desarrollar investigadores y científicos, que reviertan su atraso tecnológico, también estamos urgidos de potenciar la creatividad en los ámbitos de manejo de espacios y colores, como un diferenciador de las producciones en masa.

La paleta nacional es tan diversa y tan codiciada, que otros vienen a inspirarse en ella. De ahí el histórico desfile de pintores, escultores y ahora disenadores que han deambulado por la historia nacional.

No se trata de apelar a los exiguos presupuestos de Fonart o de las escuelas de Diseno, sino de impulsar talleres, como el de la Talavera en Puebla, que fomenten la comercialización nacional e internacional de las creaciones. Los artistas estarán mejor que con subsidios y becas temporales si acceden a los mercados de arte y diseno. (El Universal).