"Andrés Roemer * El Universal. Estimado lector: Le propongo recordar las siguientes frases: ""guarden silencio"", ""repitan después de mí"", ""memoricen"", ""dictado"", ""examen"", ""reprobado"", ""aprobado"", ""no coman en clase"" y la célebre ""sigan las indicaciones"". Supongo que, sin importar su edad, las recuerda; incluso hoy en día muchos ninos, jóvenes y adultos en distintas naciones son educados de dicha forma. ?Knock, knock! Pero, zsi queremos que los ninos aprendan, se le ha ocurrido a alguien que tenemos que lograr que ejerciten su cerebro, no que sigan órdenes y tomen dictado? zNadie se ha percatado de que el siglo XIX ya pasó? zNadie ha registrado que a los ninos se les debe ensenar cómo pensar, no qué pensar? zNadie ha notado que el entretenimiento no está peleado con el conocimiento?
En muchas naciones el sistema educativo va contra la inteligencia reptiliana. Los ninos aman aprender, cuestionarse y preguntar. El ingenio y las interrogantes son parte de la natura humana. A diferencia del paradigma de la educación ""tradicional"", el éxito del aprendizaje no depende de memorizar ni de repetir, sino de aprender a cuestionar, a analizar, a inquirir, a imaginar, a crear. Basta con observar la pasión que los ninos tienen por los videojuegos, el amor por los cuentos de héroes y hadas, la fascinación por las obras musicales, el gusto por los programas lúdicos de la televisión, el interés por las historias bien contadas y el asombro por la aventura y el misterio. Basta con voltear a ver el éxito de Disneylandia para reconocer que el sistema educativo necesita reinventarse.
zHasta cuándo revolucionaremos la educación y la ensenanza y pondremos en código el aprendizaje con los intereses y pasiones humanas? Discovery Channel, Biography, Animal Planet, History Channel, Disney -y por supuesto, Proyecto 40- han puesto el dedo en el renglón: el problema de la ensenanza es el cómo y el para quién, más que el qué.
Disney Channel es uno de los canales de entretenimiento más cotizados de los últimos anos. El punto a favor no es su popularidad, sino su capacidad de educar, mostrar y visualizar el mundo en concordancia con lo que somos, nos mueve y aspiramos ser. Los sistemas educativos están reprobados y necesitan reinventarse. El amor por aprender, el cuestionarse y el condicionamiento por investigar, la imaginación y el deseo de crear son parte de lo que somos. Son instintos que conservamos no gracias a la escuela, sino a pesar de la escuela misma. Uno de los problemas sustanciales de la educación tradicional -y no es privativo de nuestro país- es la represión de pensamiento y acto. Muy al estilo platónico se cree que el mundo de las ideas ya está explorado, y que por lo mismo los estudiantes deben repetir los patrones de lo que ""ya se sabe"" sin darle prioridad a la inventiva y al futuro. No es suficiente sentar a un alumno en un salón y hacerlo copiar del pizarrón. El problema actual no radica en asistir a clase o utilizar la tecnología en boga, sino en entender cómo se transmite el conocimiento y a quién. La escuela debe dejar de ser una obligación para convertirse en un gusto. Debe dejar de ser un recordatorio de ""qué flojera, manana clases"" para convertirse en ""qué increíble, manana hay más"". Dejo la reflexión abierta diciéndoles que uno de los errores más grandes de la humanidad es no comprender quiénes somos y ponerle ""impuestos"" a nuestro desarrollo pleno. Reprimir nuestra inventiva y nuestra curiosidad. Los límites de los alumnos no deben adjudicarse a una nota. Es indispensable aprender de Disney y de otros, detonar el hemisferio derecho de nuestro cerebro y apostar por el arte de la posibilidad y de la inventiva. En suma, apostar por los nuestros.
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