Jesús Belmont / Corresponsal / México, D.F * CP. El asesinato de José Flores Torruco, originario de Palenque, Chiapas, el 6 de octubre de 2005 en el municipio tabasqueno de Emiliano Zapata y la ejecución de cinco sujetos el pasado fin de semana en Huimanguillo, forman parte de la guerra que sostienen los cárteles de la droga de los Valencia y del Golfo por controlar la región sur del país para el trasiego de cocaína colombiana.
La guerra por las plazas de Chiapas y Tabasco es violenta y no se descartan más ejecuciones, reconocieron en la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada de la Procuraduría General de la República.
Fuentes de la SIEDO de la Procuraduría General de la República sostuvieron que los Valencia y Osiel Cárdenas Guillén, líder del cártel del Golfo, se disputan a muerte el control de la zona sureste.
Las fuentes senalaron que el sobrino político del candidato López Obrador (Flores Torruco era esposo de la hija de Martín López Obrador), el alcalde perredista de Huimanguillo, Walter Herrera Ramírez y el director de la Policía de dicho municipio, Anicacio Pérez Malpica, figuran en la guerra entre los cárteles de la droga.
El Chino, como era conocido Flores Torruco en su natal Chiapas, es senalado por la policía como el dirigente del cártel de Palenque y se presume que fue asesinado por sicarios de los Valencia.
Las indagaciones apuntan a que dicho cártel de las drogas culpa a Flores Torruco y su banda de la ejecución en Ostoacán, de seis integrantes del grupo de Los Michoacanos, célula de los Valencia el 22 de enero de 2005.
Las pesquisas refieren que Jorge Santiago Rodríguez, ex militar guatemalteco perteneciente a los kaibiles cobró 30 mil dólares por la ejecución del sobrino del candidato presidencial de la alianza Por el Bien de Todos.
El cártel del Palenque, senalaron las fuentes, recibía protección del jefe policiaco de Huimanguillo, Anicacio Pérez Malpica, a quien oficialmente se le responsabiliza del asesinato de la célula de los Valencia.
La hipótesis de la SIEDO se vino a fortalecer luego de que el pasado fin de semana fueron ejecutadas en el municipio tabasqueno de Huimanguillo cinco personas que presentaban en sus cuerpos huellas de tortura, lo que hace suponer que se trata de venganzas entre los cárteles de la droga.
El presunto autor intelectual del homicidio de Flores Torruco, José Miguel Guízar, es pariente de Antonio Guízar Valencia, uno de los acribillados junto con otras cinco personas en Ostoacán por el comando que era dirigido por Pérez Malpica, entonces jefe policiaco de Huimanguillo.
Guízar Valencia fue detenido en Tenosique, Tabasco, en la frontera con Guatemala, el 13 de agosto de 2003 con media tonelada de cocaína arrojada por una avioneta proveniente de Colombia, pero meses después obtuvo su libertad.
En esa misma indagatoria se encuentra involucrado el alcalde Walter Herrera Ramírez, militante del PRD, pues permitió que su colaborador huyera cuando un grupo de agentes federales lo había detenido en el lienzo charro de Huimanguillo.
En la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada manifestaron que es una realidad que los diferentes grupos de narcotraficantes están librando una guerra a muerte por controlar la frontera sur, punto estratégico y paso obligado de grandes volúmenes de cocaína procedente de Colombia, Perú y Bolivia.











