Parecen darse los primeros pasos hacia la distensión del clima político nacional. Tanto Presidencia de la República como el jefe de Gobierno del Distrito Federal han mostrado lo que parece un genuino interés por que de una vez por todas se encuentre una solución a las diferencias entre ambos niveles de gobierno, lo que hasta ahora ha llevado a un momento de alta crisis política en el país.
Por desgracia se ha dejado pasar mucho tiempo para llegar a esta posibilidad de diálogo, no obstante todavía es oportuno que ese delicado punto de la agenda nacional sea discutido por los personajes involucrados en él y sea superado.
Allanar ese camino permitirá bajar la tensión a la política y abrir espacios de negociación en otras esferas del quehacer público, donde el encono y la confrontación innecesarios han paralizado tanto obras de gobierno como procedimientos legislativos y en general todo el quehacer político del país.
Es probable que esta nueva posibilidad de entendimiento responda a que, en parte, la sociedad ha dado muestras de haberse hartado ya de tanta pobreza ideológica y del bajo nivel que ha mostrado gran parte de nuestra clase política para llevar por buen rumbo el proceso de consolidación democrática que tanto ambicionamos en México y muy particularmente en los anos recientes.
Es tiempo de recobrar el sentido original de la política y de evitar que el país se salga de cauce a fuerza de ser llevado al caos por razones de tipo personal y partidista. Es momento de detener el desenfrenado tren de la precoz sucesión presidencial hacia 2006 y de trabajar ya, ahora, en lo sustantivo; en lo que verdaderamente importa a los mexicanos y lo que influye en su calidad de vida.
De tal forma, los ajustes de ayer en el gabinete, promovidos por el presidente Vicente Fox, parecen ser un intento de querer refrescar una situación que ya se estaba viciando.
Ciertamente, cualquier cambio de titular en una dependencia suele causar extraneza, incluso, en algunos casos puede llegar a ser traumático; no obstante, en esta ocasión los efectos podrían contribuir a que la mesa del diálogo encuentre voces nuevas e ideas renovadas en favor de un proceso de armonía política.
Pero también es cierto que todo nuevo nombramiento deberá estar respalado por la capacidad y la comprensión clara de las tareas que habrán de realizarse por parte de los nuevos funcionarios. No sería nada bueno que los nombramientos que se hagan sean sólo una salida coyuntural para cubrir huecos generados por la actual circunstancia.
Estamos por vivir el último ano y medio de la presente administración federal y si bien es el mismo gobierno de la República el que tiene que responder a los reclamos de un país que espera lo mejor de esa gestión, también es cierto que hoy por hoy todos somos responsables de que llegue a buen término esta administración. Por ello hay que hilar muy fino en materia política, para evitar sobresaltos sociales y conjurar cualquier tipo de amenaza a la paz social y a la unidad nacional.
Bienvenidos, pues, el diálogo y la negociación, tan usuales en democracia, siempre y cuando sean de buena fe. Es justo esperar que las acciones emprendidas por la Presidencia sirvan para que de aquí en adelante el país no se distraiga en conflictos irrelevantes y se logre enfocar con claridad los grandes problemas nacionales, dentro de un esquema de solución y de sana convivencia entre gobernantes y gobernados. (El Universal).











