Un estudio realizado en tres municipios indígenas de los Altos de Chiapas revela que la expansión agrícola no impacta por igual a la deforestación. Contrario a lo que se pensaría, el municipio menos poblado, Chanal, perdió más de tres mil quinientas hectáreas de bosque entre 2005 y 2019, mientras que el más densamente poblado, Chamula, logró conservar mayor cobertura forestal gracias a la diversificación de cultivos de alto valor comercial, según una investigación publicada de forma reciente.
El análisis, liderado por científicos de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) y el Centro de Investigación en Ciencias de Información Geoespacial (CentroGeo), confirma que, aunque la cobertura forestal supera el 45 por ciento en los tres municipios, la mayor parte corresponde a bosques previamente intervenidos.
Mancha agrícola
El estudio documenta que el avance de la mancha agrícola ocurrió sobre todo en bosques perturbados y vegetación secundaria.
Sin embargo, la intensidad varió, Chanal aumentó su superficie cultivada sin un crecimiento proporcional en la producción, mientras Chamula redujo su dependencia del maíz y se orientó a cultivos comerciales como papa y aguacate, obteniendo mayores ingresos sin expandir la frontera.
Este contraste evidencia que el crecimiento poblacional, por sí mismo, no determina la deforestación; las decisiones productivas y la integración al mercado juegan un papel igual o más relevante.
Equipo
El equipo responsable está conformado por Laura Mónica Hernández Huerta, Miguel Ángel Castillo Santiago, Vera Camacho Valdez, Juan Carlos Valdiviezo Navarro, Jorge Omar López Martínez y Edith Mondragón Vázquez, todos ellos adscritos al Ecosur y al CentroGeo. Para obtener estos resultados, los especialistas procesaron imágenes satelitales de alta resolución.
Las cifras detallan que en Chanal, la pérdida de bosque alcanzó las tres mil 500 hectáreas en el periodo, en tanto que en Huixtán y Chamula, las reducciones fueron de 505 y 224 hectáreas, respectivamente.
El análisis topográfico reveló que los remanentes de bosque maduro persisten en laderas con pendientes promedio de 20 grados y difícil acceso, mientras que las zonas agrícolas y los asentamientos humanos se concentran en terrenos más planos, con inclinaciones inferiores a los 12 grados.
Factor
La distribución confirma que la accesibilidad física del territorio es un factor para el resguardo de los ecosistemas originales en la región.
Los hallazgos subrayan que expandir la frontera agrícola no es la única vía para incrementar la producción, y que la intensificación y diversificación de cultivos pueden aliviar la presión sobre los bosques.












