División latinoamericana

"Lo que resulta del proceso por el cual habría de elegirse al nuevo secretario general de la Organización de Estados Americanos podría considerarse un fracaso, no de la democracia porque a fin de cuentas la diversidad de opiniones es sustento de ésta, pero sí de la gran posibilidad de unidad antes y después del nombramiento de este funcionario.

Queda la idea de que existe una grave falta de integración entre los latinoamericanos luego de este episodio.

Ya avanzado el siglo XXI, la región no ha podido superar la herencia de siglos de colonialismo y una tendencia de sus países a buscar cobijo en esferas de influencia, en lugar de retomar el ideal bolivariano, que implica que cada uno de los estados, y todos en conjunto, adopten una visión común de lo que más conviene a nuestro continente en el futuro.

Después de cinco votaciones, no se pudo romper el empate de 17 votos para cada uno de los dos aspirantes, el ministro chileno José Miguel Insulza y el canciller mexicano Luis Ernesto Derbez.

Por lo pronto, la decisión se ha pospuesto, lo que sin duda es un revés al buen funcionamiento del organismo regional y muestra una de sus debilidades: a lo largo de su historia no ha conseguido unificar a un subcontinente en el que predomina un idioma, en el que hay orígenes similares y en donde la percepción de la vida y su trascendencia son comunes. Naturalmente, las necesidades también nos hermanan.

La negativa de cualquiera de los países a cambiar el sentido de su voto revela una polarización en el continente. Preocupa además que haya surgido la percepción de que un voto por el canciller mexicano equivaldría a un voto en favor de Estados Unidos y de que un sufragio por Insulza sería de apoyo al presidente venezolano Hugo Chávez.

Es aventurado sostener tal postura, pues México ha dado ejemplos de independencia y de criterio único frente a desafíos como fue el de su negativa a la intervención contra Irak, además de que la efervescencia política ha impedido la entrega absoluta a políticas neoliberales como ha ocurrido en otros espacios del continente.

Quizá la mayor queja que han manifestado muchos de los observadores del proceso sea la de que a pesar de lo enconado del debate, los aspirantes no han logrado presentar un plan de trabajo de amplios alcances para lograr que la OEA asuma el papel de impulsor y conductor de la integración continental, lo cual ha danado la presencia de la OEA, que se ha visto opacada por otros organismos internacionales.

En ese sentido, debemos subrayar que es necesario establecer una ruta de esa integración, similar a la que se estableció en lo que hoy es la Unión Europea, en donde a pesar de las discrepancias políticas entre sus miembros, ninguno pone en duda la necesidad de seguir adelante en los procesos de unificación plena: ""Unidad en la diversidad"" es su consigna.

Es necesario desechar con argumentos convincentes la impresión de que se busca el liderazgo de la OEA para ""servir a alguien"". Preocupa también la información de que se presentaron intentos de comprar los votos de los miembros, lo cual, se afirma, fue llevado a cabo tanto por Estados Unidos como por Venezuela.

Cuando el organismo se vuelva a reunir, para romper esta penosa trabazón, resultará importante que predomine el interés de los latinoamericanos por buscar su integración, su apoyo común y la salvaguarda de su identidad e independencia. Esa es la tarea que habrá de buscar cualquier candidato y, en su caso, el nuevo secretario general de la OEA. (El Universal).

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