La carpintería es uno de los oficios más antiguos y populares del mundo. En la religión católica se asocia a José, padre de Jesús de Nazareth, dado que la Biblia menciona que el padre de Jesucristo era carpintero.
Para celebrar a las personas que realizan este oficio, que requiere de gran dedicación, perfeccionismo e incluso un lado creativo y artístico, cada 19 de marzo se celebra el Día del Carpintero y del Artesano.
Sin embargo, don Alfredo Gómez Nucamendi, dedicado a la carpintería desde hace 20 años, no tenía idea de esta fecha, eso sí, asegura que ama su oficio porque le ha permitido sacar adelante a sus dos hijos y a su esposa, y porque nunca termina de aprender.
Platica que comenzó a trabajar con madera en la elaboración de cuadros y marcos para fotografías, además de vidrios y aluminio, su primer oficio, en un local en el centro de la ciudad; pero muchas personas le pedían trabajos de carpintería, a lo cual se negaba.
Recuerda que la madera la comenzó a trabajar desde los 15 años, en una empresa dedicada a la elaboración de marcos y cuadros, luego se pasó al oficio de la cancelería, y posteriormente retomó la madera, hasta hoy día a sus 53 años.
Fue hasta que por diversas razones tuvo que trasladar su negocio a su casa, en la colonia Albania Alta, que comenzó a trabajar con puertas y otras reparaciones en madera; gracias al gusto de trabajar con este material no le llevó mucho tiempo aprender, siempre de manera autodidacta.
Se especializó en cocinas integrales, closets y puertas, debido a que trabajaba y trabaja solo. Actualmente, aunque sabe elaborar otro tipo de muebles, muchas veces los rechaza por el tiempo que requieren. A menos que se trate de trabajos de mayor magnitud, se ve obligado a contratar un ayudante provisional.
Como hace poco que lo contrataron para un condominio, donde trabajó la cancelería, las puertas, las cocinetas y los closets; todo lo realizó en un mes, para lo cual tuvo que contratar ayudantes provisionales, para terminar a tiempo.
Afortunadamente nunca ha sufrido un accidente, ya que este oficio como la mayoría, conlleva sus riesgos. Como regla personal procura nunca trabajar cansado, preocupado, apurado, o incluso “borracho”.
La materia prima la consigue en las madererías locales, hay varias en la ciudad y con distintos tipo, todas en regla, que comercializan desde cedro y guanacastle, que se manejan en costos un poco elevados, y hasta ciprés, pino y madera blanca, más económicas.
Comenta que prácticamente volvió a empezar, porque ya contaba con una cartera de clientes que tuvo que cambiar completamente. Fue complejo en el aspecto económico, pero sólo una temporada.
Sobre los costos de los trabajos en este oficio, dice que se ha ido adaptando “al costo real de la vida”, si bien los materiales suben sus precios, la mano de obra muchas veces no puede ir a la par, de lo contrario significaría perder clientes.
El oficio de carpintero ha destacado también en uno de los cuentos infantiles más famosos de la historia, Pinocho, de Carlo Collodi, el muñeco de madera con corazón que surgió como fruto del trabajo del carpintero Geppeto.












