Cubriendo parte de su rostro con un pañuelo rojo, a un costado de un altar que refleja el fervor por la virgen de Guadalupe, don Jacinto Roque de la Cruz Gómez está por cumplir 58 años de peregrinar (a pie) y recorrer cientos de kilómetros para agradecer a la morena del Tepeyac la vida, la salud y el trabajo.
El comienzo del fervor
Desde muy pequeño, dice, comenzó la travesía religiosa. A los 12 años recibió la invitación de Eduardo Hernández. Salió de Villaflores y en aquel momento le acompañaron unas 17 personas.
Recuerda que se unió al grupo dos años después de que iniciaron las actividades religiosas. Esta peregrinación guadalupana se remonta a 1964 y salía de Villaflores. De los fundadores destacan don Porfirio Camacho Ballesteros. En ese año nueve compañeros se sumaron a la peregrinación.
En una libreta don Jacinto tiene anotado que en el primer año de peregrinar no se contaba con estandartes, tampoco había descansos específicos y la caminata inició a las 6 de la tarde, un 9 de diciembre.
Una de las razones que lo ha mantenido activo en la vida religiosa, remarca, es la fe. Agradece a la virgen de Guadalupe que, a pesar de sufrir cirrosis hepática y que fue internado, la madre santísima le ayudó a superar la gravedad de la enfermedad. “Aquí estoy, teniendo mucha fe en ella, soy peregrino de fe”.
Con un mes antes se preparan para emprender el camino en la parte logística; la otra organización es espiritual, con amor y con mucha devoción. “Cuando llegamos al último descanso, haga de cuenta que no tenemos nada, venimos enteros porque ya queremos llegar a la casa de la madre santísima”.
Hay un gran sentimiento, narra, cuando los peregrinos se dirigen a Revolución Mexicana y otra cuando ingresan a la iglesia de Guadalupe en Tuxtla Gutiérrez; llega un punto que la voz se quiebra de la emoción, “yo siempre entro de rodilla, pedirle por mis hijos, ellos me han apoyado mucho”.
Seguir en el camino
Don Jacinto, de 70 años de edad, detalla que dejará de peregrinar hasta que Dios lo llame a la otra etapa, pero en este año se siente con la fuerza física para hacer el recorrido. En la edición del 2023 no saldrán de Revolución Mexicana, debido a los conflictos que han ocurrido en la zona. Optaron por bajar desde Cupía y se prevé que ingresen a la iglesia de Guadalupe al mediodía del 12 de diciembre.
Peregrinar con intervalos
En el primer descanso escucharán la santa misa. La segunda parada será en El Parral. Después se dirigirán a Nicolás Bravo para, luego, emprender el último tramo hacia Tuxtla Gutiérrez. Don Jacinto es de los peregrinos más longevos que quedan de ese grupo, muchos se adelantaron en el camino y otros ya no están activos, pero se conservan con vida. Para estas actividades, describe, no puede faltar el pañuelo, el Cristo colgado al pecho y un brazalete, son elementos que distinguen a un peregrino.
Don Jacinto se ha enfrentado a algunos problemas de salud que los mismos doctores calificaron de milagro de que sobreviviera. Su médico le dijo que a pesar que expulsó mucha sangre por su padecimiento, al final no requirió de transfusión. “Yo le pido -a la virgen-, yo soy obediente y el día que me diga: hijito, hasta aquí nada más, seré obediente”.












