Con 30 años en el puesto de técnico en iluminación, Miguel Ángel Napabé Montesinos conoce a la perfección los 250 canales y 48 submaster que forman parte de las consolas de luz convencional, así como robótica, con los que ha intervenido en más de 500 obras que se han presentado en el Teatro Emilio Rabasa Estebanell de Tuxtla Gutiérrez.
“Don Migue”, como es conocido por sus 16 compañeros que conforman la plantilla laboral de este espacio cultural, comenzó a trabajar un primero de marzo de 1991, cuando su hermano rechazó la oferta laboral en el teatro, ocupando así un puesto administrativo en esta fecha; luego de unos cambios fue enviado al área técnica, donde permanece hasta el día de hoy.
“Yo soy contador privado de profesión. Soy honesto: cuando entré al teatro no sabía nada de eso, he ido aprendiendo sobre la marcha, con empeño y mucha necesidad fue como me fui adaptando a las circunstancias”, platicó.
Uno de los primeros grandes retos que tuvo como técnico fue montar la iluminación para la obra “Bartolomé de Las Casas”, con Germán Robles y el primer actor Ignacio López Tarso, por ser una labor pesada en el aspecto del manejo de la luz, además de ser la obra más larga en su haber, con dos horas y media de duración.
Entusiasta, amable y carismático en su platicar, pero más apasionado en su labor, comentó que hasta hoy en día ha colaborado para más de 500 obras de teatro.
“Sin exagerar, hemos trabajado junto con mis compañeros, somos un equipo. Afortunadamente la mecánica teatral en Chiapas, a diferencia de otros estados o países, es todavía manual; sí hay cambios en el caso de la luz, ahora puede ser convencional o de led”, precisó.
Prácticamente el teatro se ha convertido en su segundo hogar, los seis telones, la duela, las butacas, las cabinas de audio, proyección e iluminación son los escenarios donde se desenvuelve a la perfección, un trabajo que pocos ven, pero hace posible las puestas en escena.
Explicó que, al igual que otras profesiones, tiene sus procesos de ejecución, es decir, algunos actores y bailarines de danza contemporánea prefieren la luz convencional por ser más nítida, a diferencia del led, que ofrece otras tonalidades de colores.
Hoy día, don Migue ha logrado hacer una buena mancuerna con dos jóvenes: uno es el encargado de tramoya (conjunto de máquinas e instrumentos con los que se efectúan, durante la representación teatral, los cambios de decorado y los efectos especiales) y el encargado de audio.
Cuando está por presentarse una obra, primero interviene el tramoyero, luego se hacen pruebas de audio, para finalmente hacer las adaptaciones de audio, “la iluminación se monta cuando está todo listo, de esta manera se puede dirigir, afocando, acortando, dirigiendo la luz”.
Cecilia Pineda Martínez y Cecilia Guadalupe Napabé Pineda, su esposa e hija, se sienten orgullosas de que una persona sea quien dé vida a través del manejo de las luces a las obras teatrales en el escenario, que es de los más importantes del sureste del país, “en ocasiones ha tocado fletarme toda la chamba solo, y la verdad es difícil, pero disfruto mi trabajo”.
Pese a estar toda una vida trabajando en el teatro, reconoce que su familia no tiene un gusto arraigado en asistir a las obras, “vienen poco, únicamente en obras que les interesa”.
En estos 30 años ha sido testigo de una triste realidad: la afluencia al teatro y las puestas en escena han caído en los últimos diez años hasta un 90 por ciento.
En este sentido, opinó que puede tratarse de un fenómeno social: “ha cambiado mucho, ha bajado la afluencia, aunque también puede ser por un tema económico”.
Con cierta nostalgia recordó que 20 años atrás aún se presentaban hasta 30 obras de teatro en el Emilio Rabasa por año, posteriormente fueron bajando, pero lo peor se ha vivido desde el 2019 y lo que va del 2020 con dos puestas en escena cada uno.
Consideró que también otro factor ha sido la proliferación de plazas, los cines, la televisión de paga y por cable, así como el poco interés de las nuevas generaciones por el teatro.
Pero también la plantilla laboral se ha visto afectada por esta situación, ya que anteriormente eran cinco técnicos, ahora son tres, “de los compañeros que estaban o entraron al mismo tiempo que yo, no queda nadie, soy el único sobreviviente”.
Expresó que al comenzar como técnico de iluminación sintió el cambio en las actividades: “antes estaba sentado en una oficina, luego me tocó estar al pendiente de todo, de arriba para abajo; afortunadamente me gustó”.
Incluso, don Miguel aseguró que si pudiera regresar en el tiempo, elegiría este trabajo, que tiene sus recompensas a fin de cuentas.












