Don Ruma, un Quijote de la genialidad

El doctor Sarelly en la vitrina a don Ruma del Museo Regional. Cortesía
El doctor Sarelly en la vitrina a don Ruma del Museo Regional. Cortesía

Descrito por poetas de la talla de Rosario Castellanos y Santiago Serrano (el papá de La Tigresa), “Don Ruma era más peligroso con su boca que con su pluma”, indica Sarelly Martínez Mendoza sobre don Romualdo Moguel Orantes, un mítico personaje que escribió, por años, y a mano, el periódico La Estrella de Oriente, que repartía y vendía en el centro de Tuxtla Gutiérrez.

Don Ruma quedó fascinado por el trabajo de los periodistas de la Ciudad de México en la época de la Revolución Mexicana, allá fundó su primer periódico “Diario de un Tuxtleco”, contó Sarelly.

También allí lo encerraron en el Hospital de Enfermos Mentales de La Castañeda, donde conoció a Hipólito Rébora, quien describió que si bien, a él lo ingresaron por “bolo”, a don Ruma “por loco”.

El retorno

Ya en Tuxtla, don Ruma se lanzó a la candidatura para ser presidente municipal pero perdió, desconoció los resultados y alegó fraude, pues sostuvo que era uno de los más queridos por la ciudadanía. Luego se lanzó a la senaduría y también perdió.

Creó el periódico La Estrella de Oriente, y al quedarse sin patrocinadores y sin dinero decidió hacer “un periódico manuscrito por el cual va a ser célebre”. Y que a los cálculos del profesor e investigador de la Unach, Sarelly Martínez, durante 33 años realizó a puño y letra unas 10 mil ediciones.

“Él fue todo, director, jefe de información y distribuidor; caminaba por todo Tuxtla repartiendo el periódico que hacia con el papel que tenía a mano, papel de China, papel cebolla, papel estraza. Los tamaños son diversos y la gente a veces le regalaba papel para que siguiera escribiendo; y a veces, hacía hasta tres ediciones todos los días”, explicó.

Hecatombe quijotesca

Don Ruma se hizo nacionalmente famoso porque la periodista de la Ciudad de México, Marcelina Hernández Arce, escribió sobre él en la revista Impacto, la más importante de México en ese momento.

La Estrella de Oriente es casi indescifrable, “no hay frases coherentes. Don Ruma se obsesionaba y escribía como Dios le daba entender. Algunos dicen que escribía de esta manera porque mostraba su rebeldía contra el sistema político mexicano que lo había hecho perder en la presidencia municipal y en el Senado de la República”, detalló Martínez Mendoza.

Sarelly compara a don Ruma con don Quijote de la Mancha y sostiene que no estaba loco, sino que estaba en la fatídica crisis de los 50.

Descripciones

Rosario Castellanos dijo en una de sus cartas que don Ruma fue “el loco más conspicuo de esta población, Tuxtla Gutiérrez, es un señor que tiene la manía de hacer un periódico manuscrito y regalarlo en la plaza a quien lo solicite. Se llama la Estrellita o algo así y hablan indistintamente de Truman, las maestras normalistas de Corea y la mala costumbre de que las jóvenes usen tobilleras, del problema indígena, y las tertulias del Hotel Bonampak”.

Poco a poco, el concepto de que don Ruma estaba loco se fue desdibujando y empezó una etapa de reconocimiento. Fue el poeta de La Trinitaria, Antonio Vera Guillén, “el primero que escribe bien de don Ruma” y lo admiró “como un genio y él más cuerdo de los hombres”.

“Cuando llegué a esta tierra de color, de ritmo y de poesía, me llamó profundamente la atención ese personaje exótico que con su Estrellita Oriente va por las calles haciendo espirales en el parque, predicando la buena nueva, esa rebeldía en contra de la gramática, la académica a seriedad de las bibliotecas y las reliquias arqueológicas de los libros de filosofía y de retórica”, fueron sus palabras.

El poeta Santiago Serrano, papá de Irma Serrano, también reconoció la labor de don Ruma en un poema en verso, polimétrico, satírico burlesco y con una que otra sextilla clásica.

Postrimerías

Ya en los años 50, cuando “el periodismo en Chiapas deja de ser un instrumento al servicio de la sociedad” y se alineó con el poder, don Ruma “repartía el periódico denunciando al gobierno corrupto, los nombraba, pero no los podía reflejar porque no tenía esa capacidad para poderlos plasmar”.

Don Rumaldo, que nació un 16 de agosto de 1881 en la finca Morelia del municipio de Cintalapa, vio su fin el 15 de julio de 1956 en Tuxtla Gutiérrez, su memoria es pública y puede verse en una vitrina del Museo Regional de Chiapas.