Víctor Manuel Santiago Velázquez es el dueño de la tradicional carnicería “Santiago Víctor” en el céntrico mercado “Rafael Pascacio Gamboa” de Tuxtla Gutiérrez, quien con 38 años de trayectoria cuenta a Cuarto Poder cómo se esforzó para poder llegar a tener su propia empresa, pues como muchos, comenzó muy joven siendo ayudante o chalán.
Su historia se remonta a la década de los setentas, en donde dice que trabajó en diferentes carnicerías, pero recordó especialmente a don Roberto Molano, quien fue muy buena persona con él; muchos de sus patrones ya murieron.
Dentro de su local y tras su vitrina, externó que poco a poco se fue transformando de un chalán, hasta llegar a construir su propia empresa carnicera.
“Me apliqué en mi trabajo, mis patrones me enseñaron a trabajar y gracias a eso tengo lo que tengo ahorita, y espero que mis hijos continúen con el legado.
“He visto pasar generaciones, niñas y niños que llegaban con su papás a las compras y continúan llegando ya siendo grandes o casados; es una gran emoción que sigan con la tradición de llegar aquí”, agregó.
Contó que hubo una temporada donde el sacrificio fue también cuando tenían que salir prácticamente corriendo a otros lados como Berriozábal, San Fernando o Villaflores a traer ganado: “lo cargábamos y matábamos, a mis hijos no les tocó y se los cuento”.
“A veces nos robaban en donde nos vendían y cuando venía uno a hacer las cuentas, no ganábamos ni un quinto para la comida, pero nos daba satisfacción de servir a la gente, fue un mal tiempo”, recordó.
En la actualidad, platicó que antes de comenzar con su jornada laboral, se levanta a las cinco de la mañana, hace un poco de ejercicio para calentar los brazos y piernas, para luego dirigirse al mercado para hacer pedazos la res y quitar pellejos y gordos del animal, hacer la chuleta y las costillas, para que todo esté listo a las 6 de la mañana cuando comienzan a llegar sus marchantes.
Vende por lo regular de 70 a 80 kilogramos, pero con la situación de la pandemia del Covid-19, dijo que sus ventas cayeron estrepitosamente hasta un 50 por ciento, pero ya se van recuperando junto a sus cinco trabajadores, incluyendo a sus hijos, con quienes soportó la crisis de salud y económica.
No cerraron, ya que parte de su clientela seguía llegando, por lo cual les agradeció y por ello no alteró sus precios.
Ya con la mejora de la actividad comercial se tornó de mejor ánimo y por ello exhortó a seguir visitándolos y a seguir comprando la carne de res de primera: “mira qué bonita, qué presentación, excelente para nuestra gente”, posa frente a la cámara.












