Alejandra Díaz Navarro, “doña Ale”, como la llaman con mucho cariño, es una asidua voluntaria de las actividades de educación ambiental, quien formó parte del primer grupo de vigilantes del Zoológico Regional “Miguel Álvarez Toro” (ZooMAT).
Cuando inició su vida laboral formó parte de la Secretaría de Seguridad Pública, pero comparte que por ser de baja estatura, el primer empleo que le otorgaron fue como recepcionista, sin embargo, la actividad no era lo que deseaba.
En la primera oportunidad que tuvo fue enviada junto a una compañera a vigilar las calles de la ciudad, y dentro de ellas debía transitar por el actual Paseo de las Personas Ilustres.
Cerca del año de 1980 se encontraba en el lugar el parque zoológico que ya para entonces dirigía don Miguel Álvarez del Toro.
Uno de los subalternos del emblemático ambientalista invitó a Alejandra y a su compañera a integrarse a la plantilla que se conformaría para ser el primer grupo de vigilancia del zoológico.
Sin dudarlo doña Ale aceptó y se presentó de inmediato a esa nueva oportunidad; pocos meses después, el grupo que integraba fue enviado a las nuevas instalaciones del Zoológico “Miguel Álvarez del Toro”, que hoy se encuentran en la colonia Cerro Hueco.
En el lugar doña Ale disfrutaba de su empleo, pero manifestaba cierta atracción por las actividades de las personas que alimentan a los animales y realizan la limpieza de los espacios de exhibición, a quienes se les denomina “mantenedores”.
Así que en la primera oportunidad que tuvo le planteó a don Miguel que deseaba cumplir con las actividades, pero la primera respuesta que recibió fue negativa; de cualquier modo insistió y con el paso del tiempo la oportunidad llegó.
El trabajo era pesado, por lo que su jefe optó por darle el área de las aves pequeñas, como los loros y pericos.
Las aves recién nacidas y que venían de algún decomiso tenían que ser alimentadas cada dos horas, por lo que Alejandra prácticamente debió mudarse al ZooMAT para realizar su trabajo.
En algunas ocasiones debía cargar una pequeña caja de zapatos con aves dentro a la que llevaba consigo a todos lados.
Tras algunos años de realizar la actividad y poder disfrutar de un sinfín de crías a las que debió cuidar, se sintió atraída por las actividades de guía de grupos, por lo que de mueva cuenta pidió la oportunidad de cambiarse de área.
Esta vez quien le autorizó su cambio fue Beky Álvarez, quien la asignó a algunas actividades con los niños que llegaban a los cursos.
Al paso del tiempo el material de papelería que se utilizaba para los cursos comenzaba a agotarse, por lo que no dudó en emplear su creatividad y comenzó a utilizar material de reúso como corcholatas y algunos otros objetos.
Las actividades se perfeccionaron y vino la oportunidad de utilizar papel para formar figuras y hacer un sinfín de materiales didácticos para las tareas de educación ambiental.
Durante varios años doña Ale vio pasar a cientos de niños, ahora adultos, en los cursos que habitualmente se imparten en el ZooMAT.
Los años continuaron pasando y vinieron algunos cambios administrativos, por lo que doña Ale, en su afán de aprender más y compartir su conocimiento, optó por aceptar una nueva oportunidad laboral dentro de la Secretaría de Medio Ambiente; pero estar dentro de una oficina no le satisfizo y mejor optó por jubilarse.
Sin embargo, su ímpetu no descansó, por lo que después de sólo un año de “descanso” surgió una nueva oportunidad para dar clases de manualidades a maestras jubiladas y pensionadas, por lo que no dudó en reincorporarse a la vida laboral y de nueva cuenta se integró a la plantilla laboral del Isstech. Luego de tres años tomó la decisión de concluir su relación laboral.
Pero su inquietud por compartir sus conocimientos en educación ambiental y elaboración de manualidades con material reciclado la llevaron de nueva cuenta a participar en todas las oportunidades que se le ofrecen y de forma voluntaria, por lo que es común verla en actividades de ferias ambientales y demás áreas como el ZooMAT o el Paseo de los Hombres Ilustres.
Como mensaje a las nuevas generaciones, doña Ale comparte que lo más importante en la vida es hacer lo que les haga felices, pues de esa forma nunca verán el trabajo como algo aburrido o molesto.












