Su vocación es el volante, aprendió a conducir cuando tenía 18 años maniobrando un camión de tres toneladas; posteriormente con una unidad pesada tipo torton con el que realizó varios viajes. A sus 70 años, Irma Liévano Méndez es la conductora de taxi más longeva en Tuxtla Gutiérrez, del estado de Chiapas y, posiblemente, de la República mexicana.
Lleva más de 20 años de chofer de una unidad adherida al Sindicato “Carlos de Jesús Natarén Córdova”, en la que ha llevado a su destino a miles de tuxtlecos que así lo han requerido.
Recordó que sus comienzos fueron por la familia donde nació, ya que todos son transportistas: su padre era poseedor de unidades pesadas en la ciudad de Arriaga y presidente de una línea de camiones.
“Desde joven me surgió la inquietud, hace mucho tiempo que yo manejo, pero también me surgió las ganas de subirme como conductora de una unidad de taxi; qué te digo, la verdad es algo que a mí me gusta”, expresó.
Los tiempos son cambiantes, asegura, pues al comienzo de este oficio que eligió como oficio de vida no faltaban los “machos” que le proferían algún insulto como “Qué haces manejando, deberías estar en tu casa haciendo el quehacer; váyase a la cocina”.
Gracias a su disciplina y vocación, esto ha ido cambiando poco a poco, ahora es respetada por sus compañeros; algunos, cuando la ven manejando le hacen un saludo con el pulgar arriba, algo que le da mucho gusto a Doña Irma, pues ha demostrado que cualquier oficio o profesión puede ser ejercido por los dos géneros.
Una familia dedicada al transporte
Comenta para Cuarto Poder que, más allá de una necesidad, se inclinó por ser conductora gracias al hecho de estar rodeada de camiones desde su infancia.
Como conductora ha podido salir adelante, ha dado estudio a sus hijos, “es un trabajo riesgoso, pero es noble, de acá he sacado para mantener a la familia”.
Cuando comenzó a conducir la unidad tipo taxi, expuso que no tenía experiencia, pero las ganas y el deseo de salir adelante la han impulsado hasta hoy día.
La competencia siempre ha sido dura, las tarifas eran más baratas, entre 25 a 35 pesos en la capital chiapaneca, cuando todo era más barato, las tarifas, la gasolina.
Liévano Méndez recuerda que antes de ser taxista conducía un camión de tres toneladas en la zona Costa, en el que se transportaba fierro, “así comencé a trabajar, manejando para transportar este material, por un negocio que comenzó mi padre, eso fue por allá de 1965”.
Recordó que también su esposo era transportista, juntos compartían ese gusto y pasión por la “chofereada”; lamentablemente falleció recientemente por la pandemia del covid-19.
“Él era conductor de tráiler, era transportista. Es algo que nos gustaba mucho, el manejar en la carretera es algo divertido, aprendes, observas paisajes hermosos. También tengo sobrinos que son traileros, conducen hacia Guadalajara, a la Ciudad de México, a muchas partes de la República transportando carne”, expresó.
En Tuxtla ha conducido por más de 20 años, aún recuerda que su primer viaje lo realizó de Chapultepec hacia Terán.
Un oficio riesgoso
Con el paso del tiempo, también la inseguridad aumentó y con ello los riesgos para los conductores de estas unidades.
Doña Irma expone que por experiencia, los choferes tienen identificadas las zonas de la ciudad donde corren mayor riesgo, las cuales ella como mujer prefiere evitar, y así proteger su integridad.
Pese a ello, siempre ha observado casos en que sus compañeros son heridos, asaltados, robados, les han quitado las unidades y desvalijado, “yo tomo mis precauciones, no me arriesgo, tenemos las experiencias de los compañeros; lo que sí hemos observado en lo que va de la pandemia, que los asaltos a taxistas han aumentado”.
Este oficio o profesión como ella le llama, también ha sido heredado por uno de sus hijos que siguiendo los pasos de su madre se inclinó por ser taxista, “a todos mis hijos les enseñé a conducir, pero hubo uno que le gustó la chofereada, ahora es chofer de unidad; desde los 12 años, aprendió rápido”.
Además de conducir, doña Irma sabe algo de mecánica, checa los niveles de la unidad, cambia las llantas, entre otras cosas.
Con firmeza, asegura que si volviera a nacer, elegiría nuevamente ser conductora, “el que le ha tocado viajar, conducir en carretera sabe de lo que hablo; yo elegí ser chofer, no fue porque no tuviera otra opción. Quiero decir a las mujeres que tomen riesgos, cualquier oficio o profesión lo podemos llevar a cabo”.












