Doña Luisa, 48 años en el arte de la Barbacoa

Doña Luisa, 48 años en el arte de la Barbacoa

Doña Luisa Demetria Ruiz lleva casi medio siglo haciendo una de las barbacoas más sabrosas que se consiguen cada domingo en San Cristóbal de Las Casas. 

La mañana de este domingo, mientras vendía este tradicional alimento, aceptó contar su experiencia en el arte de hacer barbacoa. “Desde niña vendía carne de borrego con mi difunta madre, Antelma Méndez Hernández que también vivía en el barrio de San Diego, y luego ya me decidí a hacer barbacoa”. 

Agregó: “Llevo 47 o 48 años haciendo barbacoa en el barrio de San Diego. Mi mamá no mucho hacía barbacoa, pero yo me dediqué a hacerla con la ayuda de mis seis hijos (cuatro varones y dos mujeres)”. 

-“¿Cómo se hace la barbacoa, doña Luisa?” 

-“Yo la hago enterrada en hornos. Con mi sabiduría fui haciéndola poco a poco y me salió la sazón; tengo muchos clientes que vienen a buscarme porque les gusta. Cada sábado destazo 20 o 25 borregos”. 

En entrevista comentó que “toda la semana me dedico a preparar el chile ancho, a pelar tomate, todo con calma. Cada semana compro borregos. El sábado destazamos y ese día se prepara la barbacoa. Se cuece toda la noche, enterrada. Todos los domingos mientras Dios me regale la salud aquí estaré”. 

-“¿Cómo aprendió a hacer barbacoa?”

-“La verdad ya ni me acuerdo, pero lo aprendí, (ríe). Y sí me apoyó mucho mi esposo, Filadelfo Liévano Sánchez”. 

Agregó que en los hornos que tiene en su casa, pone tinas con capacidad para 10 borregos y le coloca hojas de maguey encima, porque “eso es lo normal. Se cuece con leña. La entierro a las 6:00 de la tarde y la saco al otro día a las 6:00 de la mañana. Dos tinas grandes y una chica hago cada semana. Es bastante trabajo”.

Expresó que la venta de barbacoa le deja “un poquito de ganancia”, pero la hace porque “más que nada, estoy entretenida. Me gusta mi trabajo. Mis hijos me dicen que ya lo deje, que descanse, pero les digo que ya estoy hallada en esto, por lo que mientras Dios me dé fuerza lo seguiré haciendo, porque me gusta y porque de eso salí adelante; quería yo tener mis hijos profesionistas y ya los tengo, con la ayuda de Dios, y que hubiera algo de paga”. 

Manifestó que cada semana sale a las comunidades aledañas a buscar los borregos. “Me quieren mucho en las comunidades. Desde niña iba yo con mi mamá, por lo que cuando empecé mi negocio ya sabía a dónde ir. Es gente buena la de las comunidades. Un borrego cuesta mil o dos mil pesos, según el tamaño”. 

Añadió que sus hijos la ayudaban cuando eran chicos, pero ahora todos tienen su carrera y se dedican a otras cosas. 

-“¿No le ha afectado la pandemia?” 

-“Al contrario, como estoy en mi casa, está limpio todo, vendía mucho. Subió la venta. Tengo clientes de muchos años. No cerré porque estoy adentro y no afectamos a nadie”.  

Abundó: “Vendo barbacoa, pancita rellena, criadillas, riñoncito, cabecita. A la sangrita, se le pica cebolla, tomate y hierva buena. La pancita se rellena de la menudencia. Tripa, hígado, bofe. Todo eso que sale del borrego se vende. Todo le gusta a la gente. Casi nunca me sobra; a las dos o tres de la tarde todavía viene la gente los domingos. Sí me gusta hacer barbacoa, ha sido mi vida”. 

Cuando le encargan hace entrega de barbacoa para bodas, fiestas y cumpleaños, o cualquier otra celebración. 

-“Muchas personas la conocen como la barbacoa de ‘don Filadeflo’”. 

-“Es cierto. Así decían. La barbacoa de ‘don Filadelfo’, pero más es de ‘doña Luisa’, (ríe)”.

“Mientras Dios me dé fuerza lo seguiré haciendo, porque me gusta y porque de eso salí adelante; quería yo tener mis hijos profesionistas y ya los tengo”.

“Con mi sabiduría fui haciéndola poco a poco y me salió la sazón; tengo muchos clientes que vienen a buscarme porque les gusta”.

“Desde niña vendía carne de borrego con mi difunta madre, que también vivía en el barrio de San Diego, y luego ya me decidí a hacer barbacoa”.

“Me quieren mucho en las comunidades. Desde niña iba yo con mi mamá, por lo que cuando empecé mi negocio ya sabía a dónde ir”.