El 4 de abril, cuando Diego Saúl Reyna colocó una bandera de México en lo más alto de la torre Trump en Vancouver, Canadá, nunca imaginó el fenómeno mediático en que se convertiría a raíz de la peculiar protesta contra el candidato republicano a la Presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica.
Mexicano de nacimiento y chiapaneco hasta la médula, Diego Saúl Reyna, regresó esta semana a Tuxtla Gutiérrez, ciudad de la que hace 14 años emigró a Canadá para afianzar su nivel educativo.
El chiapaneco que añora una disculpa pública de Donald Trump por los constantes ataques a los mexicanos, concedió una entrevista a Cuarto Poder, en la que detalló el malestar que le causaron los insultos del magnate norteamericano en contra de sus paisanos. En la plática sostenida en la casa de sus padres en la colonia Magisterial, Diego Saúl habló de los sentimientos que le genera su regreso a la tierra que lo vio nacer, en la que jugó durante su infancia, el reencuentro con el sazón de casa.
La voz de todos
De la hazaña de colocar el lábaro, Diego Saúl es enfático al pedir que la atención mediática debe enfocarse al mensaje que trató de enviar y no hacia él, por haber llegado a lo más alto de la Trump Tower.
Una pequeña estancia de la vivienda de sus padres, sirve de escenario para la entrevista; en el encuentro Diego Saúl, asentó que lo que hizo el pasado mes de abril lo pudo haber realizado cualquier ciudadano indignado por los comentarios racistas de Donald Trump.
Como mexicano -dijo- se siente agraviado por los insultos, improperios que han calado en todos los que como él, nacieron en suelo “azteca”.
Detalló que lo que hizo esa mañana de abril, es hacer uso de su derecho constitucional a la Libertad de Expresión.
Diego Saúl dio a conocer que a raíz de subir hasta el piso 64 del emporio del magnate norteamericano, ha tenido ya sus primeras respuestas; de la oficina de campaña de Donald Trump, le hablaron, se comprometieron con él a que si la noticia alcanza grandes niveles de difusión, entonces el aspirante republicano, podría concederle cinco minutos de su agenda, para escucharlo.
Pese al escándalo mediático que se generó por la colocación de la bandera mexicana, los asistentes de Donald Trump dudan de la veracidad de la fotografía que se viralizó a través de redes sociales y medios de comunicación.
El egocentrismo del aspirante presidencial ha llegado al grado de no querer aceptar que alguien violó el sistema de seguridad de su emporio en Canadá, mucho menos, si quien lo hizo es un mexicano que apenas en 2015 logró la ciudadanía canadiense.
Volvió a tomar pozol
Centrado, de mirada profunda y muy serio, Diego Saúl rememora su regreso a Tuxtla Gutiérrez, bromea al asegurar que ya tuvo el tiempo necesario para ir a tomarse un pozol bien frío, de gozar con el sabor de la comida que prepara su madre y sobre todo, abrazar a los seres queridos.
Su regreso a México fue peculiar, apenas el mes pasado izó la bandera de nuestro país en una torre propiedad del enemigo principal de los mexicanos en el extranjero, el lunes cuando pisó suelo azteca, entró como extranjero. Sí, la falta de pasaporte mexicano provocó que Diego Saúl tuviera que obtener una visa de turista para estar en el país que lo vio nacer.
Confiesa que su estancia en Tuxtla Gutiérrez servirá para registrar a su hijo como mexicano, su deseo es que ame a este país y que tenga las dos nacionalidades.












