"Las renuncias del secretario de Seguridad Pública y del procurador de Justicia del Distrito Federal, Joel Ortega y Rodolfo Félix Cárdenas, por el operativo que causó la muerte de 12 personas en una discoteca el viernes 20 de junio, deben ser el principio del proceso, no el final.
La sanción es política y servirá, sobre todo, de advertencia a quienes los releven sobre la magnitud de sus responsabilidades oficiales.
Fue el procurador quien, al personalizar los ataques al jefe del operativo Guillermo Zayas y a Ortega, obligó a Ebrard a los virtuales ceses, pues lo dejó sin márgenes de maniobra.
La Comisión de Derechos Humanos del DF ya había denunciado los excesos de la policía en las discotecas de las barriadas, donde los principales objetivos parecían ser la resonancia en los medios y la extorsión a los adolescentes y sus familias, cosa que no ocurre en los sectores elegantes.
De todos modos, los jóvenes y adultos merecen sitios seguros y sanos para su merecido esparcimiento, o discotecas debidamente reglamentadas y vigiladas. Nada de eso ocurre, como se vio desde el incendio en Lobohombo, en Insurgentes Centro, sin que como consecuencia se hubiesen tomado medidas pertinentes, como lo prueba esta nueva tragedia.
El jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, marca una diferencia con sus antecesores, pues lejos de pretenderse víctima de complots o de proteger a sus subalternos, como ocurrió con la marcha en demanda de seguridad y con los portafolios repletos de dólares de René Bejarano, actuó en consonancia con los resultados de las investigaciones y de la demanda general.
También contrasta su acción ejecutiva con la postura de quienes se sostienen en el mando en los gobiernos de los estados o conservan a los miembros de su gabinete aun cuando signifiquen más problemas que soluciones.
Ahora, Ebrard tiene la oportunidad de recomponer su equipo de seguridad, pero a un altísimo costo político y forzado por las circunstancias, sin tiempo para madurar sus planes.
Este episodio es una llamada de atención sobre la urgencia de reorganizar con criterios modernos el aparato de seguridad del Distrito Federal y la zona conurbada.
Europa, Europa...
Para muchos latinoamericanos Europa es una de esas entelequias que tiene todo lo bueno y poco de malo, en contraste con la percepción respecto a nuestros vecinos del norte.
Pero a veces la realidad tiene poco que ver con las imágenes, como ésas de una Europa abierta en contraste con un Estados Unidos cerrado, esa idea de una región intelectualmente adelantada en oposición a la percibida falta de cultura estadounidense.
La Europa que hoy restringe la entrada de migrantes y se yergue frente a nosotros no es la de la benévola ""madre patria"" y cuna civilizadora que tanto nos quisieron vender durante décadas para diferenciarse del agresivo comercialismo yanqui.
La Europa de hoy, unida a medias, parece resucitar a ese viejo continente geocéntrico que fue campo fértil para intolerancias y que junto con su cultura transmitió muchos de los defectos que hemos hechos nuestros, incluso racismo y clasismo.
Decepcionante, zno?
(El Universal)
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