"En Espana, país hermano en donde los mexicanos nos sentimos en casa, la cocaína es una droga en alza vertiginosa, al grado de que 170 mil adolescentes (de 14 a 18 anos) admiten haberla tomado, sin contar los que la tomaron y la toman sin ""admitirlo"". Según las estadísticas del Ministerio de Sanidad para 2005, la cocaína se ha vuelto la segunda droga más preocupante, por sus efectos biológicos y consecuencias sociales, justo detrás de la heroína, y la primera más danina entre los nuevos adictos. Barata y fácil de conseguir, la coca ha visto su consumo cuadruplicar desde 1996 nada más entre los jóvenes.
Por lo mismo, las urgencias hospitalarias por reacción aguda a la coca han subido en el mismo lapso de 26% a 50%, mientras que entre el número de muertos por consumo de drogas, el contingente de cocainómanos subía de 19% a 55%. Las estadísticas precisan hasta el tipo de policonsumo que practican los que llegan a urgencias: 65% cruza coca y alcohol, 19% coca y mariguana, 12% coca y heroína, etc.
Sanidad está llevando a cabo en Espana una gran encuesta con 20 mil entrevistados para saber exactamente la situación del consumo de drogas y tomar las medidas necesarias. Nos gustaría conocer la situación en México. Sabemos todos de manera personal, impresionista, intuitiva, que todas las drogas conocen un consumo creciente, sabemos que los ""chavos"" son el grupo más amenazado, ricos y pobres, consumidores de drogas de lujo o de cemento.
Es muy probable que nuestra Secretaría de Salud conozca bien la situación, pero las estadísticas no han llegado al gran público al cual pertenezco; muy probable también que no haya sabido yo encontrar esa información que ha de pasearse en la maravillosa red.
Todos los padres de familia saben que la falta de percepción del riesgo es demasiado común entre los jóvenes, sea frente al alcohol, al tabaco o a las drogas. zQuién no se ha topado con la sonrisa incrédula de quien recibe la advertencia de sus mayores? zQuién no ha compartido, ayer u hoy, esa incredulidad? Es que nuestra sociedad ha desarrollado, para bien, un discurso sobre la libertad que tiene sus ""danos colaterales"".
Primero, se dijo y se sigue diciendo que probar las drogas es experimentar, manifestar valor, romper un tabú de la sociedad burguesa -sí, sí, se sigue hablando de ""burgueses"" por más que haya caído el Muro de Berlín, pero en el sentido de ""fresas"", retrasados-. Consumir drogas sería luchar contra el conformismo, transgredir normas injustificadas, manifestar su valor contra el control social. Sería una rebelión, una liberación. (Pero sin pretender llegar a la dignidad de una revolución por más popular que haya sido la mariguana durante nuestra Revolución Mexicana.)
Segundo: gracias a la droga, consigo -se dice- una maravillosa libertad, casi creadora, casi artística, y se puede citar una larga lista de pintores, músicos, escritores que encontraron la inspiración en tal o cual droga. Este argumento, que curiosamente nadie se atrevería a utilizar hoy para justificar el etilismo, se complementa con el tema de las sabidurías tradicionales, del peyote entre los huicholes, de los hongos entre otras naciones, del kif en Marruecos, del opio en China, de la coca en los Andes. Entonces, zpor qué prohibir la morfina o la cocaína en nuestros países?
Es cierto, cada sociedad tiene ""su"" droga; la Nueva Espana, como la Nueva Inglaterra o la Vieja Europa, tenía el tabaco y el alcohol; México, Estados Unidos, Europa, siguen teniendo el tabaco, el vino, los destilados, pero sabían, saben -eso vale para la mayoría de la población- respetar una serie de principios, tradiciones, reglas: tomar una copa, o varias, con los amigos, tomar vino o cerveza en la mesa, celebrar con alcohol, no hace mucho dano, no destruye ni al individuo, ni la sociedad. Uno conoce bien esa ""droga"" y sabe limitarse.
De la misma manera, en Marruecos, uno puede fumar una pipa de kif sin volverse un drogadicto. Sabemos socialmente limitar la droga, por más que haya borrachos consuetudinarios y fumadores impenitentes que se suicidan conscientemente, lo que llevó a la sociedad nuestra a inventar estructuras como la de Alcohólicos Anónimos. Todo cambia con las drogas actuales porque el contexto social y cultural no logra controlarlas, amansarlas. Tienen el mismo efecto que la repentina llegada del aguardiente entre los indios de América del Norte que se encontraron subyugados por el efecto de algo que venía de otra cultura, de algo contra lo cual no tenían ninguna defensa sociocultural.
La tentación irresistible de probar y luego abusar de ese nuevo encanto los llevó, lleva a nuestros hijos a hacer ese ""viaje"" del cual muchos no regresaron y no regresarán. Toda droga es una esclavitud, fisiológica y sicológica. La paradoja es que lo que el muchacho o la muchacha de 15 anos vive al principio como una liberación, una evasión de una realidad cotidiana demasiado gris, se transforma pronto en una cárcel, en un suplicio, en un tormento sin fin.
La liberación conduce a la dependencia, a una esclavitud mucho más radical, rígida y finalmente definitiva que el malestar anterior que era un ""mal de vivir"" muy normal, inseparable de la condición humana, en ciertos momentos, en ciertas etapas.
Como en las revoluciones, hay un instante fabuloso, el de la explosión revolucionaria, libertaria; luego vienen los dictadores y el terror. Los que sobrevivieron al terror del delirium tremens o de la droga son los testigos de esa terrible experiencia.
""Hay que derribar los falsos mitos sobre la cocaína"", dice Elena Salgado, la ministra espanola de Sanidad. Y sobre todas las drogas, tabaco y alcohol incluidos. No es cierto que son inocuas, no es cierto que no crean adicción. zCómo hacer para que los jóvenes que son las principales víctimas de esa plaga, puedan escuchar ese mensaje demasiado razonable?
En nuestra sociedad el consumo se ha generalizado, brincando todas las barreras de edad, sexo, nivel educativo y socioeconómico. Sanar es muy difícil, por lo tanto hay que prevenir. zCómo? Apuesto que ningún candidato a la Presidencia se ha preguntado cómo.
Dicho todo esto, hay que recordar que el tabaco y el alcohol matan cientos de miles de personas en nuestro país. [email protected] * Profesor investigador del CIDE
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