Inició el consumo de estupefacientes a los 13 años de edad. Actualmente Daniel, con 19 años, es uno de los 40 internos del Centro Especializado para la Prevención y Tratamiento en Adicciones (Centra) en Berriozábal, lugar que les ha devuelto las ganas de vivir.
Su vida era la calle, no le importaba nada más que conseguir narcóticos para olvidar sus problemas, sin saber que con ello, hacia más grande su adicción por las drogas.
“Me la pasaba hasta 15 días en las calles debido a mi adicción a la drogas y alcohol; mi forma de pensar era diferente, no me importaba nada y no me ponía a pensar en las oportunidad que tenía, por más que mi familia me hablara”, dijo.
Para Daniel el haber llegado al Centra le significó una nueva oportunidad para encontrarse consigo mismo pero sobretodo de poder salvar su vida.
De acuerdo con el director de esta institución, Pablo Esquinca Ávila, este lugar forma parte de la Fiscalía General del Estado, y está preparado para otorgar una atención especializada y profesional a personas con problemas de adicción, con un trato personal que se rige bajo los principios fundamentales de amor, respeto, confianza, servicio y anonimato.
El estado se ubica por encima de la media nacional en cuanto al consumo de drogas; cabe mencionar que cada vez más jóvenes son consumidores de estas sustancias, por lo que el rango de atención se localiza entre los 18 a 25 años de edad.
“En cuestión de género, no hay mucha diferencia, aunque en el caso de las mujeres se ha detectado que son más consumidoras de medicamentos controlados, pero las que atendemos en este momento ingresaron por la adicción al alcohol”, detalló.
Asimismo resaltó que las drogas ilegales más consumidas en los chiapanecos son la marihuana, seguida de los inhalantes y la cocaína.
Por otra parte mencionó que este sitio tiene dos formas de ingreso, uno es voluntario como el caso de Daniel y el otro es por designio de un juez, mediante el nuevo sistema penal acusatorio, por lo que si la persona comete un delito no grave bajo la influenza de alguna sustancia, puede acceder a la opción del tratamiento de recuperación.
Explicó que este procedimiento consta de tres meses de tratamiento residencial para la población voluntaria y seis meses para los transferidos, en donde se mantienen en proceso de desintoxicación, realización de actividades culturales, deportivas y talleres de inclusión social.
Puntualizó que cuando el usuario egresa, regresa a una familia fracturada, con dificultades para acceder a un empleo, no tiene un uso adecuado de su tiempo libre ni hábitos saludables, por ello la coordinación ha firmado convenios con Coparmex, Secretaría de Salud y Cecati para facilitar un cúmulo de alternativas de capacitación y empleo.
Apuntó que en cuanto se detecta en el núcleo familiar el consumo de alguna droga, se debe informar a la persona y si persiste la conducta es necesario consultar a un especialista.
En este sentido, destacó que en la familia se perdido algo fundamental como establecer límites, mecanismos de comunicación adecuados y brindar afecto, ya que es muy recurrente que los usuarios vengan de familias fragmentadas que vivieron episodios de violencia física, verbal o psicológica, donde alguno de los padres consumía alcohol y otras drogas.
Después de su proceso de recuperación Daniel desea seguir estudiando para poder salir adelante, además piensa apoyar a este centro compartiendo su experiencia con otros chicos.
Ante esto, concluyó que la comunicación, el afecto y una buena relación dentro de la familia son los pilares de prevención para evitar que algún integrante de nuestro ciclo más cercano padezca alguna adicción.












