Son muy graves los números presentados ayer en Viena por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), en su Informe Mundial de las Drogas 2005 , en el cual registra que el valor del mercado mundial de estupefacientes asciende hoy a 322 mil millones de dólares, cifra que supera el Producto Interno Bruto de 88% de los países del mundo y que 200 millones de seres en el planeta son adictos a alguna sustancia, esto es, 5% de la población mundial.
En el desglose de tales cifras revela que la región del planeta con mayor producción, tráfico y consumo de drogas es América del Norte, donde se vende 44% de todos los estimulantes ilícitos del mundo.
Aquí, México tiene un papel relevante como generador y vendedor de mariguana, cocaína, metanfetaminas y heroína, la mayor parte de lo cual tiene como destino final Estados Unidos, que es el mercado consumidor más grande del planeta.
El informe reconoce que en nuestro país, se da también el mayor número de confiscaciones de droga de todo el continente, pero no en cantidades suficientes como para opacar los grandes números de producción, distribución y consumo. Esta radiografía económica del fenómeno de los estupefacientes, viene a reforzar la idea que ya se tenía por otros estudios y reportes de las autoridades de salud y justicia mexicanas, del enorme tamano del problema que lamentablemente nos aqueja en esta materia.
Lejos de ser un fenómeno en repliegue ano con ano, las cifras aumentan y las noticias sobre la importancia de los capos mexicanos de la droga en el concierto mundial son cada vez más preocupantes.
La lucha contra este flagelo pareciera estar rezagándose y ello no es bueno para México. Mientras crece el poder económico y corruptor del narco, las autoridades se esfuerzan en hacerle frente con recursos siempre limitados, lo que preocupa frente a reportes como el dado a conocer ayer por la ONUDD, porque hace ver a esta lucha como desigual e irremediablemente destinada al fracaso.
Aun así, es preciso adquirir conciencia del tamano del reto y actuar en consecuencia en todos los frentes que ofrece el problema. Antano éramos un país de tránsito de drogas provenientes de Sudamérica y hoy, no sólo somos productores en cierta medida de los mismos, sino que incluso somos crecientes consumidores, lo que ya se convierte en un problema de seguridad nacional y salud. Somos una nación cuyos jóvenes están expuestos a caer con relativa facilidad en las garras de este fenómeno, que debe ser erradicado de raíz, para no dejarlo crecer. Por ello deben intensificarse las acciones para contener ese problema.
Sin embargo, al mismo tiempo que México debe emprender una gran campana nacional de prevención del consumo, tampoco podrá avanzar mucho si el mayor mercado del mundo sigue siendo nuestro vecino, Estados Unidos.
La ONU hace bien en senalar las dimensiones económicas de un problema social, así como describir con precisión quién y cómo se produce y vende, pero haría todavía mejor en disenar estrategias para combatir la raíz del problema, que se encuentra en los millones de consumidores estadounidenses, que alimentan con su adicción este mercado ilícito de estupefacientes. Esto es en realidad lo que está poniendo en riesgo al mundo y, de manera muy directa, a nuestro país.
Un informe aún más completo será el de que la ONUDD evalúa el gran consumo y prevenga de este problema a segundos países. (El Universal).











