Dulce y Yinna, los ojos en el cielo de la Fuerza Aérea

Dulce y Yinna, los ojos en el cielo de la Fuerza Aérea

La Fuerza Aérea Mexicana, una corporación que depende de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), se ha caracterizado por la formación de hombres y mujeres que se encargan de proteger la soberanía nacional y también el espacio aéreo.

En este ejemplo de patriotismo aparecen Dulce Carolina Herrera Silva y Yinna Esmeralda Cazarez Camacho, quienes son “los ojos en el cielo” de esta corporación, debido a la responsabilidad que tienen en la torre de control de la base aérea militar número 6, ubicada en Tuxtla Gutiérrez.

La teniente de Fuerza Aérea Controlador de Vuelo, Herrera Silva, entiende la responsabilidad de sus funciones y a lo largo de un año y medio de trabajo, no ha tenido ningún accidente gracias a la capacitación permanente que tienen.

“Mi familia está orgullosa, mis papás son militares retirados, nos desarrollamos en este ambiente y estamos muy felices de llevar la camiseta bien puesta”, relata al interior de la torre que está compuesta de 18 metros de altura.

En la Fuerza Aérea Mexicana se brindan las mismas oportunidades para todos, con igualdad de derechos, obligaciones, cursos, preparación y ascensos. La teniente eligió ese perfil por la coordinación que hay de todas las operaciones que se hacen en el espacio aéreo.

Equidad

Para la subteniente y también controlador de vuelo, Yinna Esmeralda Cazarez Camacho, el motivo de ingresar a la corporación fue la disciplina; desde hace 12 meses forma parte del equipo de seis personas que apoyan a los pilotos y comunican a diario sobre las condiciones climáticas, esta situación permite que las actividades de adiestramiento se hagan sin ningún problema.

Uno de los aspectos destacados, es que la torre de control de la base militar número 6 es la única en su tipo en todo el país, debido a que es operada por tres oficiales mujeres y tres hombres.

De descendencia militar, señala que al inicio de su formación profesional se presentaron algunos obstáculos, pero con el paso del tiempo se solventaron.

Formar parte de la Fuerza Aérea Mexicana -con oportunidad de crecimiento en rangos- dice que le ha cambiado la vida de forma positiva.

“Aquí es parejo para seguir ascendiendo, nosotros tenemos los límites hasta dónde llegar”, comentó

Al iniciar actividades en la torre de control sentía un poco de nervios, los cuales dejó atrás con el paso de los días por una razón muy sencilla: no puede transmitir temor en la frecuencia a quienes van en el aire.

De las anécdotas significativas, está que en la base aérea número 6 han guiado a aeronaves que han llevado insumos médicos y ayuda humanitaria.

Colaborar con sus acciones y dar seguridad a los pilotos, son las recompensas que tienen las controladoras de vuelos.