Dulces al paladar y dulzura para el alma

Dulces al paladar y dulzura para el alma

Sus palabras y su mirada escondida tras el lente de sol, son dulces, como el producto que elabora y vende desde hace 28 años, cuando comenzó a perder la visibilidad. Hoy recorre las calles de Tuxtla, casi de memoria, para endulzar el paladar de los capitalinos con su mercancía, y los oídos con sus palabras de paz.

La figura de un hombre alto, delgado, que camina parsimoniosamente apoyado con un bastón de invidentes, se dibuja a lo lejos. Camina sobre la acera de la 2a Sur, entre 4a y 5a Oriente. Cruza la calle con cuidado entre la fila de autos varados, esperando el momento de avanzar en la congestionada vía de la capital chiapaneca.

El hombre carga sobre sus hombros un recipiente de cristal que dice: “Consume lo que Chiapas produce. Dulces de leche”. El hombre de la tercera edad se detiene frente a la tortillería “San José”. Es su favorita porque hacen la tortilla más rica, asegura.

Antes de enfilar a la 5a Oriente y 1a Sur, donde tomará el colectivo de la ruta 21 que lo llevará a casa, donde lo espera su amorosa esposa, el hombre que pinta canas en cabello y bigote, se detiene frente a la Escuela Secundaria del Estado. Amable concede la entrevista.

Su nombre es Felipe Jorge García Malo y García. Su apellido es único. Pero de malo no tiene nada: Transpira bondad en su hablar, caminar y mirar. Tiene 86 años cumplidos. Nació un 28 abril de 1932.

Cada día se levanta temprano para elaborar con cariño y paciencia los dulces de leche. “Es muy laborioso. Los doy baratos. No pretendo hacerme rico, solo tener para el gasto diario”, dice Jorge.

Ya con su mercancía colocada cuidadosamente en la pequeña vitrina de cristal, se dirige a la 16 Poniente y 4a Norte del fraccionamiento Arboledas, frente a la conocida taquería. Allí, tras degustar los tacos, los parroquianos compran el delicioso postre que Jorge prepara como nadie.

“Antes vendía en las tiendas, pero al no distinguir los negocios mejor opté por venir aquí”, dice. A veces le va bien y vende todo. Otras, no vende nada. Este día regresaba a casa con dos bolsitas que no vendió.

A las 14 horas emprendió el regreso a casa. Caminó sobre la Avenida Central de Tuxtla hasta llegar a la 2a Sur y 5a Oriente para ir por sus tortillas favoritas. Luego tomaría el colectivo de la ruta 21 y llegaría a la casa marcada con el número 23, sobre la prolongación de la 5a Norte, frente a Convivencia Infantil.

Allí espera a Jorge, con una sonrisa y un abrazo cálido, su esposa María Georgina Ocaña Farrera. Es la segunda pareja. La primera falleció al llegar a Tuxtla, hace 40 años. Tuvo nueve hijos, todos viven en Puebla.

Cuestionado sobre su lugar de nacimiento, Jorge dice que su ciudadanía está en los cielos (asiste a la Iglesia de Cristo), pero su ombligo quedó en el Distrito Federal.

Al entrar a la pequeña casa, lo primero que se observa es un cuadro con un mensaje que dice: “Sé el mejor: Si no puedes ser pino, alto y robusto que esté en la cumbre, no te aflijas, sé arbusto, pero entre ellos, sé el mejor”.

A Jorge le tocó ser árbol robusto. Joven y con un exitoso trabajo como ingeniero civil. Pero enfermó de cataratas. Y tras cinco operaciones quedó peor. Casi no ve nada. Ahora se halla en el valle, entre los arbustos, pero no se siente mal por ello. Marginado de toda posibilidad laboral no rumia su condición, sino que con entusiasmo torna la adversidad en oportunidad y se auto emplea.

Sobre el refrigerador, en su casa, hay siete kilos de azúcar para los dulces de mañana. Pero en su corazón y en el de su esposa, hay dulzura permanentes. Quizá ese sea el ingrediente secreto que hace sus dulces los más deliciosos, amén del adorno de nuez que coloca encima. Así, el tradicional dulce de leche, Jorge lo transformó en “glorias chiapanecas” desde 1990.

A los jóvenes, Jorge les exhorta a que aprendan un oficio y emprendan un negocio. Les recuerda las palabras del sabio Salomón plasmadas en la Biblia: “Anda como sabio y no como necio, aprovechando el tiempo porque vienen días malos, los de la vejez”.

“Ojalá que mi historia sirva para alguien que quiera realizarse plenamente”, dice e invita a los que gusten apoyarlo, a que lo busquen en la 16 Poniente y 4a Norte, de 9 a 14:0 horas. Pueden visitarlo en su casa o llamar al teléfono 61 13495, donde contestará su esposa. Jorge tiene su celular que casi no sirve, se paga a cada rato y ademas casi no escucha. Pero la deficiencia de la vista y del oído lo compensa con un enorme corazón lleno de bondad y paz. para ayudar

Al teléfono

61 13495