"Marcelo Ebrard Casaubón protestó al tomar posesión como jefe de Gobierno del Distrito Federal cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes que de ella emanen. Los perredistas no quedan eximidos de esa obligación, como parece en los hechos.
A propósito de la violenta irrupción de partidarios del ex candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, en la Catedral Metropolitana, el domingo, molestos porque el redoble de campanas que llamaban a misa apagaba el informe de su líder, Ebrard ha exonerado a los rijosos y descalificado a quienes han considerado que el PRD ""utiliza esa circunstancia"".
En un caso de justicia poética, la agresión frenética contra bancas y feligreses fue más eficaz que las campanas para echar tierra al mensaje político pronunciado a la misma hora en que desde hace siglos los repiques convocan a la celebración eucarística.
Como en su momento Alejandro Encinas toleró y apoyó la ocupación temporal del Paseo de la Reforma -la principal vía del Distrito Federal-, más atento a los intereses de López Obrador que a la vida normal de los ciudadanos capitalinos y los turistas, Ebrard actúa más como subordinado de su organismo político que como primer responsable del orden público y de la convivencia civilizada.
A la par que el vocero del PRD, Gerardo Fernández Norona, Ebrard actúa con la chaqueta de su partido bien puesta.
No hay concordancia entre la legítima exigencia del Partido de la Revolución Democrática de que se investigue el origen de las fabulosas riquezas de la pareja Fox-Sahagún y los negocios de sus vástagos, y su reticencia para indagar con rapidez e imponer sanciones a los responsables del jacobino asalto a un templo en el momento de su principal oficio.
De golpe, Ebrard borra las diferencias entre uno y otro partidos, que tan marcadas las hacen aparecer en los discursos de campana electoral.
En un país democrático no hay forma de escapar a los partisanismos ni al rejuego político, pero la beatificación y la condenación automáticas son conceptos religiosos, y en este caso se trata de leyes humanas, legales, que se tienen que cumplir, independientemente de quiénes resulten responsables.
Aquí tienen los perredistas la oportunidad de hacer la diferencia con sus adversarios, si lo que proclaman tiene fundamentos ciertos.
Pero tememos que reflexionar sobre estas cuestiones deberá ser tarea del senor López Obrador. Notoriamente, el jefe de Gobierno del Distrito Federal está a sus indebidas órdenes.
No importa que los funcionarios públicos del PRD, como los de cualquier otro partido, hayan sido elegidos para servir a la nación, no a sus líderes mayores, por muy ""presidentes legítimos"" que se supongan.
Este episodio brinda, sin embargo, posibilidades para que Ebrard y el PRD afirmen su validez como alternativa de gobierno para todos los mexicanos.
Es una puerta abierta que a pesar de aparentes desventajas de corto plazo les daría ventajas de largo término. Pero necesitan cruzarla. ( El Universal)
"











