"Pese a los anuncios con fanfarrias de que teníamos una economía blindada, protegida de las contingencias internacionales, el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, finalmente admitió en estos días que el crecimiento de México se reducirá en 2007 y que sólo al final del sexenio, si nos va bien, el crecimiento podría llegar a 5%.
Se abandonó el falaz discurso oficial de un blindaje a prueba de recesiones en Estados Unidos. En su comparecencia ante las comisiones legislativas, Carstens reconoció impactos presentes y advirtió de consecuencias futuras ante la desaceleración económica del principal socio comercial de México.
El crecimiento es y será mediocre por lo que dijo en las últimas 48 horas el responsable de las finanzas públicas. Ante esto, los esfuerzos continuados para controlar la inflación están bien justificados, pero no bastarán mientras el crecimiento sea mediocre. La cúspide de la pirámide se reducirá si acaso un poco, la clase media la pasará mal como siempre, pero la base depauperada se ensanchará todavía más.
La inflación agudiza los efectos negativos de la pobreza, pero la mediocridad del crecimiento económico acarrea consigo la afrenta de la creciente desigualdad.
La reforma hacendaria que necesitamos, y que sigue pendiente, requiere de menos resistencias de quienes siempre se quejan, como los grandes contribuyentes, y los que están más interesados en rápidos acuerdos políticos que en responsabilidades sociales.
La globalización ha agudizado el contagio de los ciclos económicos, que siempre han existido; el mundo está entrando en aguas revueltas y México navega en ellas precariamente armado.
Todos lo resentimos, pero los jóvenes aún más porque lejos les quedan las crisis de 1982 y 1994.
Eran bebés cuando la hiperinflación y ninos cuando la devaluación hizo que sus padres perdieran empleos y esperanzas.
Ahora les toca a ellos, a los jóvenes, asomarse al balcón y ver cómo golpean las olas. Resienten ya y resentirán más, si la andanada de alzas no se frena, no poder ir al cine, estudiar en libros o pagar sus fotocopias, o sus cigarros y, peor, que el transporte suba.
Es ahí en esa franja en donde la inflación pega, pero la atonía en el crecimiento económico devasta. Se cancela el futuro cuando la falta de crecimiento anula la esperanza de conseguir un empleo formal y queda por delante la calle, en todas sus vertientes, legales o ilegales o cruzar la frontera igualmente de manera legal o ilegal.
De que estamos entrando en un temporal y debemos tener cautela, ya nadie puede negarlo, ni siquiera el poderoso Secretario de Hacienda. Navegamos penosamente en un ""Titanic"" sobre un mar lleno de témpanos de hielo y tiburones. Si el casco es rasgado como con abrelatas, naufragaremos por igual quienes beben champana en las cubiertas de lujo y quienes viajan en camarotes austeros y la mayoría que se apila, sin ventilación, en el cuarto de máquinas y en un gran camarote común.
Con estas expectativas económicas la gran pregunta es si vamos a navegar en la mediocridad, simplemente evitando colisiones o si a alguien se le ocurre una ruta mejor. (El Universal)
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