EDF: la necesaria certidumbre

De manera sorprendente, a cuatro meses de que se realicen las elecciones federales y la de autoridades locales en la capital de la República, hasta ayer el Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF) no había definido las reglas con las cuales serán sancionadas las precampanas de los candidatos a jefe de Gobierno, diputados locales y jefes delegacionales.

Se espera que hoy el IEDF emita un acuerdo sobre las limitaciones de los candidatos para hacer precampanas, el cual, además de ser extemporáneo, no será obligatorio de cumplimiento para los partidos, lo que genera confusión y desorden en la elección local, pues nadie sabe bien a bien a qué atenerse.

Los partidos políticos en la capital han manifestado su molestia porque, ya cuando las campanas de la elección federal se están desarrollando, aquí en el DF las reglas del juego se están definiendo sobre la marcha y hay muchos vacíos legales sobre cómo será sancionada la elección, no sólo por lo que hace a los actos de precampana, sino incluso sobre cómo será fiscalizado el gasto de los partidos durante este tiempo, pues el actual IEDF, mediante una interpretación sui géneris del Código Electoral capitalino, ha cambiado los tiempos de fiscalización, para que sólo valgan de enero a la fecha y no desde agosto del ano pasado, como estaba acordado por los tribunales local y federal de la materia.

Este desconcierto en la ciudad más grande del mundo -importantísima en términos de votantes para la elección federal del 2 de julio próximo- no puede seguir por mucho tiempo, a riesgo de afectar todo el proceso nacional. En el DF, como en todas las entidades del país, hay códigos, acuerdos e instituciones electorales con procedimientos muy claros sobre acciones y movimientos que han de seguir todos los actores políticos. Es inadmisible que el IEDF pierda el control de sus actos y naufrague entre leyes y códigos que, por muy ambiguos que sean, han servido en otras oportunidades.

Al no haber reglas firmes, no sólo se está danando a los candidatos y partidos, sino a la democracia en la ciudad de México, que el día de manana se encontrará con partidos que excedieron en cantidades exacerbadas sus gastos de precampana y campana, para los cuales no habrá castigo; o no se sabrá, por ejemplo, si algunos candidatos son delincuentes electorales por haber hecho proselitismo en los meses de febrero o marzo.

No queremos pensar que esta manera de actuar en el proceso electoral, por parte del IEDF, será un síntoma de debilidad permanente durante las campanas formales, que comienzan el 5 de abril, el día de la elección o, peor todavía, cuando tenga que sancionar el proceso.

Los institutos electorales están para darle certidumbre al proceso electoral, no para complicarlo, puesto que en la medida en que todo el mecanismo de elección de autoridades sea correcto, las autoridades resultantes serán, asimismo, legítimas. Entendemos también que el actual Consejo General tiene apenas unos meses de haber iniciado su gestión, pero creemos que fueron electos porque conocen de la materia, de otra manera estaríamos ante un caso de inexperiencia inaceptable. Los capitalinos requieren que su Instituto Electoral sea confiable y actúe con espíritu colegiado y no a partir de protagonismos o discrecionalidades que nada tienen que ver con la recta aplicación de la ley.

Los ciudadanos del DF necesitan saber ya sus opciones a autoridades locales, y los partidos la certeza de cuáles son las reglas del juego, que no se pueden estar cambiando constantemente. El electorado capitalino es importante, y hay que cuidarlo, para que el 2 de julio la capital no sea un hoyo negro donde nadie sepa qué sucedió. (El Universal)