“Recordar es vivir”, expresó con nostalgia el ingeniero Edmundo Rosas Matehuala, al evocar su paso –en las década de los 70- como trabajador en la planta de moscas estériles para combatir el gusano barrenador que se construyó en aquella época en Tuxtla Gutiérrez, casi en los límites con Chiapa de Corzo.
“Cuando yo llegué a trabajar con una empresa de aire acondicionado en forma industrial, ya estaba la planta de producir moscas estériles, pero estaba medio descontrolada. Dijeron que se necesitaba producir moscas rápido porque el gusano barrenador avanzaba. Me comentaron sobre el proceso que se necesitaba y me puse a hacer números. Hice el proyecto porque cada área necesitaba una condición especial”, comentó.
“En ese tiempo había ya una plaga de la mosca del gusano barrenador que venía de Centroamérica avanzando muy rápido y Estados Unidos dijo que había que detenerla rápido porque ataca al ganado”, agregó.
En entrevista recordó que “la planta productora era para esterilizar a las moscas y mezclarlas con las moscas normales para que fuera disminuyendo su producción y su propagación. Ya sabían qué proceso se hacía para crear moscas y esterilizarlas, pero se necesitaban condiciones especiales de temperatura y humedad”, por lo que era necesario instalar aire acondicionado.
La planta se construyó sobre la carretera, en la salida hacia Chiapa de Corzo, cerca del puente del río Grijalva, como parte del programa Moscamed. Hasta ahí llegó Rosas Matehuala procedente de la Ciudad de México para instalar el aire acondicionado que requería.
Proceso
“El gusano barrenador sufre una metamorfosis, es una mosca que se vuelve gusano y ataca el ganado; en el área correspondiente se ponía carne descompuesta, llegaba la mosca y depositaba los huevecillos, comía y se hacía el capullo, que era tratado por otra área; del capullo nace la mosca.
A punto de nacer se esterilizaba. El proceso era: llegaba, se le daba de comer al gusano; era un olor tremendo. Luego se empezaba a hacer el capullo como arrocitos chiquitos, cafés. Para que no fuera un proceso descontrolado se le hacía tiempo día y tiempo noche controlado, pero como urgía había que sacar la producción lo más rápido y esos procesos eran de medio día. Un día para la mosca lo hacíamos dos por medio de focos. La mosca responde a la luz. Si hay luz para ella es de día y si está oscuro es de noche” narró Edmundo Rosas.
Dijo que “se prendían y apagaban los focos e iba generándose el proceso de la mosca. Todo eso lo vimos nosotros. Había que mantener las condiciones de temperatura y humedad. Ese era mi trabajo. Nos dijeron que debía estar a 30 grados centígrados y 80 por ciento de humedad, lo que había que mantener siempre”.
De 72 años de edad y radicado en la Ciudad de México, Rosas Matehuala comentó que “cuando ya estaban listas las moscas las echaban en unas cajitas para darles madurez y ya a punto de nacer, se mandaban al aeropuerto, para que un avión o avionetas las tiraran en los lugares en los que había que detener la plaga. La cajita iba bien cerrada y apretada, pero al ir cayendo se abría y caían millones de moscas que se iban a la colonia de moscas normales y convivían, pero no había producto, se paraba la reproducción de la mosca. Lo asombroso era que estaba medido el tiempo para que cuando fueran cayendo, las cajas se abrieran. Eso lo controlaban los gringos. Calculaban el tiempo de viaje para tirarlas”.












