En la reunión de jefes de Estado en Brasil hace dos semanas el presidente Álvaro Colom, de Guatemala, senaló que la defensa contra el crimen organizado, especialmente el narcotráfico, solamente se puede afrontar con una fuerza multinacional.
Colom tiene razón, Guatemala es uno de los países más amenazados por los cárteles de la droga. Recientemente, su gobierno ha informado que las mafias mexicanas se han instalado en su territorio y extorsionan a finqueros para que vendan sus tierras. Guatemala puede caer presa del control de las bandas organizadas gracias a su poder de compra y fuego, y convertirse en narco-estado.
Pero no se trata solamente del tamano relativo de un país, sino de la naturaleza del fenómeno que es multinacional por excelencia. La operación conjunta realizada por tropas de ambos países en la frontera lo evidencia. Más de mil soldados desplegados del lado guatemalteco y fuerzas mexicanas de este lado intentan hacer una operación para cercar a las gavillas que se han identificado en la región.
El gobierno mexicano debe considerar seriamente apoyar una iniciativa multinacional para crear una fuerza de intervención de largo alcance, integrada por fuerzas de diferentes países y que, a su vez, se someta a la supervisión internacional de la Organización de los Estados Americanos y las Naciones Unidas.
De un lado se requiere actuar en esa escala, so pena de quemar la pólvora en infiernitos, como es el caso al perseguir al crimen internacional a una escala exclusivamente nacional. Por otro, es necesario transparentar la actuación de las autoridades cuando se trata de lidiar con este poder fáctico tan grande, cuya capacidad de corrupción y muerte es inmensa.
Si se enfrentase el problema a escala multinacional y, a la vez, con los recaudos de observación y control moral y técnico de organizaciones multilaterales, el combate al crimen sería más verosímil y, desde luego, mucho más viable y eficaz de lo que es hoy.
El combate al narcotráfico ha rendido algunos frutos, así sean magros y pasajeros. La droga en Estados Unidos escasea y cuesta el doble mientras su calidad baja. Pero el compromiso de Estados Unidos en esta lucha es muy bajo: tal parece que en su territorio hay sólo consumidores y uno que otro narcomenudista, pero no caen los que lavan o transportan dólares. Tampoco los que reciben los grandes cargamentos de narcóticos. Es urgente que Barack Obama comprometa a su gobierno, por necesidad propia, antes de que en la crisis la economía estadounidense se narcotice con dólares delincuenciales. La propuesta de Colom le ofrece una oportunidad, al igual que a México.
La propuesta tiene sentido; recibió algunas adhesiones verbales en la Cumbre. El momento es propicio para alentarla. México puede hacerlo y ganar con ello credibilidad y eficacia contra este cáncer. Sería también una palanca para afirmarse en un momento en que la corrupción desborda el Estado y amenaza con pulverizarlo.
[email protected] * Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM











