Estados Unidos es más seguro, pero quizá no totalmente, después del martes 11 de septiembre de 2001, cuando terroristas suicidas dirigieron aviones de pasajeros secuestrados contra las torres gemelas de Nueva York y el Pentágono, símbolos del poderío económico y militar estadounidense.
El impresionante ataque cimbró de dolor e indignación al mundo y condujo a una reacción ofensiva de Estados Unidos y sus aliados contra los dirigentes terroristas arropados en Afganistán y a la invasión militar contra Irak, al tiempo que dio inicio una de las más severas estrategias de lucha contra el terrorismo, que afectó, más o menos, a todos los países.
Los terroristas pretendieron cobrarse así la injerencia de EU en el prolongado conflicto de Medio Oriente. Cinco anos después, el saldo es bastante negativo para todos, en particular para los directamente involucrados y en casi todos los órdenes: excesivas restricciones migratorias, violaciones a los derechos humanos, cárceles clandestinas de EU, miles de inocentes muertos, y otros efectos. Los datos son escalofriantes: casi tantos combatientes estadounidenses muertos en los dos países citados como quienes fallecieron en los ataques terroristas; alrededor de 700 mil millones de dólares gastados en operaciones bélicas de Estados Unidos y en su seguridad interna. Al final, la sombra de la duda sobre los verdaderos móviles de la intervención.
Varios cabecillas terroristas han sido capturados o abatidos en estos cinco anos, durante los cuales también las acciones de terror han ido de Bali a Londres y Madrid, y proliferan en todo el Oriente Medio. El gobierno de Estados Unidos ha perdido simpatía, apoyo político y diplomático, y ha sido objeto de acusaciones por graves conculcaciones a los derechos humanos, de torturas y crímenes contra civiles.
Irak es ahora un país convulso y tiene atrapado al presidente Bush. Los expertos estiman que la lucha contra el terrorismo tiene un frente de 20 anos; diversas tesis se han analizado, sobre los verdaderos intereses que motivaron esta interminable confrontación, supuestamente desatada por las ambiciones de algunos gobiernos de controlar el petróleo.
Para México, las consecuencias del ataque del 11 de septiembre tuvieron efectos altamente lesivos. El cambio del orden de prioridades del gobierno estadounidense nos relegó en las posiciones, el rigor de la vigilancia fronteriza ocasionó graves incidentes y nuestra relación económica y comercial, ya afectada por nuestra pérdida de competitividad con otras naciones, resintió la carga del fuerte gasto bélico.
En el terreno de las relaciones multilaterales, debimos resistir fuertes presiones y finalmente oponernos a la guerra de intervención en Irak en el Consejo de Seguridad. Eso perjudicó nuestro trato con los poderosos vecinos.
Al cabo de todo, el terrorismo es una realidad insoslayable, pero muy específica, sin embargo, es un deber, al menos ético y moral, condenarlo; sin dejar de advertir que México debe privilegiar sus prioridades sociales y económicas. También resulta prudente y oportuno insistir en la búsqueda de nuevos y más efectivos esquemas para el diálogo y el entendimiento entre las naciones. No debemos minimizar el hecho de que hay causas profundas que reclaman la buena disposición de la política internacional. (El Universal).











