Todo inicio de ano es un corte de caja vital que nos trae la esperanza de que los 12 meses por delante sean mejores que los que dejamos atrás. El caso de 2008 no tiene por qué ser diferente. En México, en lo económico y político, sin embargo, hay reservas, dudas y miedos que hay que disipar cuanto antes.
En lo político, si bien no es un ano de elecciones, sí será definitorio de lo que habrá de suceder en 2009. De entrada, la designación de los nuevos consejeros del Instituto Federal Electoral (IFE), entre ellos a quien habrá de presidirlo, pospuesta hasta febrero por los diputados, tiene que ser una decisión de consenso, en la que no imperen los personalismos ni los caprichos, sino la genuina voluntad política de alcanzar acuerdos.
Vencer los fundamentalismos será el punto de quiebre que hará avanzar a la democracia en el país. De no hacerlo, habrá quien impugne desde este ano las elecciones federales del siguiente, perpetuando la intolerancia y crispación que ha desgastado mucho a la sociedad.
En esta tesitura también jugará un papel importante lo que suceda dentro del Partido de la Revolución Democrática, dividido entre lopezobradoristas y Nueva Izquierda, porque ello definirá la conformación integral de la izquierda en México.
Por su parte, el primer ano de gestión de Germán Martínez Cázares al frente de Acción Nacional dirá mucho de su distancia de Los Pinos y su acercamiento con las bases del partido, así como de su posición respecto de la fracción foxista del PAN. De eso dependerá el mensaje que envíe a la sociedad, que le servirá a su vez para consolidar su base electoral para 2009. El PRI no descansará. Sus grupos, facciones y líderes seguirán buscando, como hasta ahora, afianzar el liderazgo del partido, desde el Congreso de la Unión o desde alguna gubernatura, también con vistas a consolidar una preferencia electoral en provincia que les permita reconstruir el camino que los devuelva al gobierno en 2012.
En lo económico, el panorama no es menos amenazador para el gobierno del presidente Felipe Calderón. La desaceleración económica en Estados Unidos nos afecta. De ello dependen nuestras exportaciones e importaciones. Llega en un momento en el que nuestro aparato productivo no genera empleos de manera masiva -ya no digamos bien remunerados-, y en el que crecemos por debajo de 4% anual, mediocre para América Latina.
La apertura agrícola que se da desde hoy en el marco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y el aumento de la gasolina, así sea gradual, impactan en el ánimo social. La falta de acuerdos, asimismo, en el Congreso de la Unión para sacar adelante reformas fundamentales para el país, como la energética o la laboral, no auguran mejores índices de crecimiento. Si estos obstáculos son superados, entonces tendríamos un venturoso 2008.
En materia de seguridad, el reto que sigue plantando el narcotráfico es indeclinable. Ya se comenzó la lucha; ahora es tiempo de consolidar sus resultados para mantener a raya dicho flagelo.
Sería desalentador que dentro de un ano estemos hablando, otra vez, de que se debe capturar a los líderes de los cárteles y bajar la cifra de casi 3 mil muertos por ejecuciones relacionadas con el crimen organizado.
Aun así, en el marco de estos enormes retos, justo es reconocer que los mexicanos somos un pueblo trabajador, que sabe de largas jornadas laborales, gusta de la democracia y rechaza la violencia discursiva o física, lo que nos alienta a pensar que los conflictos sociales que pudieran derivarse de los avatares políticos y económicos habrán de encontrar cauces civilizados.
Feliz Ano Nuevo.
(El Universal).











