El Acuerdo Nacional de Chapultepec

El Acuerdo Nacional para la Unidad, el Estado de Derecho, el Desarrollo, la Inversión y el Empleo, firmado ayer en el Alcázar de Chapultepec por empresarios, académicos, intelectuales y representantes de la sociedad civil y de los medios de comunicación, convocados por el empresario mexicano Carlos Slim Helú, a la letra dice que busca consolidar un estado democrático que garantice libertades, derechos humanos y sociales así como seguridad física y jurídica; crecimiento económico y empleo, mejores condiciones de salud y educación, construcción de infraestructura y de vivienda, además de una administración de justicia eficaz y transparente.

En cinco puntos los firmantes hacen converger las propuestas, conscientes de su corresponsabilidad en el avance del país y de que la coordinación y conducción del esfuerzo común para el desarrollo nacional es el Estado mexicano.

No se trata, en consecuencia dicen, de usurpar funciones ni de invadir jurisdicciones ajenas, sino de presentar un diagnóstico de la situación nacional y de plantear soluciones compartibles, pragmáticas, razonables, para abordar globalmente el vasto inventario de los problemas que ahora encaramos y de articular las respuestas posibles.

Algo sustantivo que los partidos no han podido trazar congruentemente, perdidos como andan en lo adjetivo menor. Como quiera que sea, corresponde a éstos considerar seriamente las propuestas formuladas ayer en Chapultepec.

Reconoce el Acuerdo que la sólida estabilidad macroeconómica que tenemos debe servir para lograr un crecimiento acelerado, sostenido, sustentable, con empleo y políticas redistributivas.

Valora las cualidades del trabajador mexicano, y pugna por que se facilite su desarrollo educativo y se mejoren sus condiciones de salud. Previene contra la política fiscal meramente recaudatoria y pide orientarla al crecimiento económico, la inversión, el empleo, la producción competitiva, la calidad y la redistribución del ingreso.

Toca el Acuerdo temas clave cuya correcta estimulación promete resultados apetecibles, y prescinde de invocaciones ideológicas, obsesiones de reformas estructurales demandadas pero no negociadas.

Atiende el meollo de cada tema y reclama la creación de un clima favorable a la inversión privada y social, que aliente el desarrollo empresarial, elimine trámites y regulaciones innecesarias para la creación y expansión de empresas. El desarrollo, en toda sociedad, debe ser equilibrado o no es desarrollo; pero para que esto se consiga, la sociedad debe formar parte del avance que se está proponiendo y beneficiarse de ello, de otra forma la carga para las partes será más pesada.

Importa, como dijo Slim, que el documento sea tomado como lo que es, una propuesta, no como lo que no es, una forma de presión o un instrumento para obtener favores personales.

El Acuerdo está para considerarse, para ser analizado, discutido, negociado, pulido, enriquecido. Esto sólo se conseguirá con buena voluntad, con la participación de todos y bajo el rubro del diálogo y la confrontación de ideas.

Es por ello que el siguiente paso deberán darlo los partidos políticos, para enriquecer el Acuerdo Nacional de Chapultepec, siempre con la mejor buena voluntad, ya lejos de las discrepancias, de los pleitos, de las discusiones y de las descalificaciones que han caracterizado a nuestro tiempo político, para que pueda germinar a la brevedad o que, incluso, se extienda a los programas de los candidatos a la Presidencia y, en consecuencia, al próximo sexenio, sea quien fuere responsable del Poder Ejecutivo de la Federación. (El Universal)