El ano nuevo político

Aunque los buenos deseos de esta temporada obliguen a los mejores auspicios, más vale prepararse para tiempos borrascosos.

El castigo político por la peor crisis económica desde 1929 caerá sobre quienes ocupan hoy el poder del gobierno. La realidad del gobierno dividido ameritaría que el reparto de castigos se dividiese por igual entre quienes ocupan el Ejecutivo y los que actúan a contrapelo desde el Congreso. Pero no va a ser así. Los que ocupan las oficinas que se encabezan en Los Pinos son los más probables chivos expiatorios.

El PAN será el mayor receptor del reproche electoral y el PRI su mayor beneficiario, mientras que el PRD y la chiquillada sacarán la rebanada de su debacle.

La más reciente encuesta de preferencias electorales de GEA-ISA confirma las tendencias. Como siempre, a seis meses de las elecciones federales las cosas pueden cambiar, como pasó en 2006. Pero entre tanto, 28% del electorado piensa que el PRI gobierna mejor que el PAN (24%), y si los encuestados votasen hoy por diputados 43% de ellos marcaría en la boleta PRI, mientras que 35% lo haría por el PAN y 16% por el PRD. En el mismo sentido, la mayoría cree que el PRI será el partido que más votos consiga en la elección intermedia.

Al menos cuatro cosas se observan en este clima. La primera es que, como es obvio, la intención del PAN de obtener mayoría absoluta en la Cámara de Diputados es de dudoso cumplimiento. Ese partido debería prepararse para varios escenarios alternativos si quiere gobernar con realismo los tres anos restantes de la administración. Los resultados de la resistencia panista a gestar un acuerdo para la transformación del régimen político están a la vista: su prestigio se tornó volátil y podrá perder el poder y tener que entregar el mando a un PRI que retornaría como una realidad disminuida de su imagen pasada.

La segunda es que, aún sin haberse renovado seriamente, el PRI es el partido que mejor ha sacado ventaja de su posición como bisagra política. Si consigue mayoría relativa en el Congreso crecerá y por él deberán pasar los proyectos de un gobierno debilitado.

Un tercer factor es que la izquierda, con su todo o nada y sus telaranas mentales, habrá perdido por completo la oportunidad que se le abrió en 2006 de ser un verdadero factor de poder permanente en la escena nacional. Salvo que el movimiento de López Obrador contradijera todos los indicios y emergiera por milagro con una fuerza de peso, la izquierda volverá a las dimensiones de su voto duro y saldrá del imaginario ciudadano más amplio.

La cuarta y más ominosa consecuencia de los datos del día es que se habrá conseguido la utopía regresiva de convertir al mexicano en un sistema bipartidista con menores posibilidades de evolucionar en dirección a la mayor representatividad de una sociedad altamente heterogénea y desigual.

El ano nuevo político será agitado, pero oscilará esencialmente entre estos datos. Ojalá que estemos equivocados.



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Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM