El arte y sus lenguajes son una necesidad básica para el desarrollo integral del individuo. La oferta proveniente de las políticas culturales de la Federación y la patria chica han perdido rumbo y función social.
Los reflectores, las ediciones de lujo, las facturas millonarias y los viajes a otras latitudes son para unos pocos. Funcionales, folkloristas y apadrinados. Ellos, hasta ahora, son los beneficiarios.
“Al tuxtleco no le interesa el arte” esa perla de los juicios a priori, caló hasta los huesos de Luz Martínez, quien tiene ya cuatro años al frente de una empresa cultural que ha logrado sobrevivir sin patrocinio oficial.
La frase lapidaria no hizo mella por venir de un funcionario cultural, quien no sólo evidenció sus limitaciones y carencias, sino por haber sido propinada a personas que, como Luz, tienen en el arte el abrevadero para enfrentar no sólo la vida cotidiana, sino también el motivo y fin último de sus actos.
Empresaria cultural, promotora, curadora, pero sobre todo: artista.
Generar una idea y convertirla en representación visual no es algo que Luz haya recién aprendido. Desde muy temprana edad hizo y vendió manualidades que la llevaron a concebir su futuro como creadora visual.
Esta aptitud temprana obró en su contra pues sus padres consideraron que no había más por aprender.
“Siempre he tenido conflicto con quienes desprecian el trabajo manual del pintor, dibujante o grabador… la teoría y uso del color, y el conocimiento que te permite la historia del arte son caminos por los que hay que transitar; para trascender como lenguaje y discurso no basta con el dominio de programas digitales. La academia es fundamental.
Su ideario y su obra la llevaron a crear Caleidoscopio. En agosto pasado se celebró el cuarto aniversario de una galería que ha privilegiado la calidad de la obra expuesta. Los padrinazgos aquí no tienen cabida.
Actualmente se exhibe Revoltijos, una serie de dibujos en grafito de José Miguel Pérez Cruz (Joys).
“Caleidoscopio es un lugar que me ha enseñado a tener confianza hacia ellos, es un muy buen espacio, muy conocido; la primera vez que me agendaron no me conocían, pero conocían mi obra… En otras galerías te ponen peros y trámites”, nos cuenta José.
“El arte que se vende actualmente en Chiapas es la figura humana, para que podamos leer propuestas más complejas y arriesgadas es necesario alfabetizarnos más en el terreno del arte”.
El hambre y la necesidad de ingresos ha llevado a los creadores a la folklorización, lo étnico es tratado como tema decorativo, por lo tanto, tendrá mercado mucho tiempo más.
Sin embargo, creadores y público estamos construyendo nuevos escenarios que harán frente al folklor y la artesanía”, señala Luz, segura y sonriente. Fotografía y texto: Óscar León / CP












