El barril y sus problemas

Se acabó el tiempo de las vacas gordas. El precio internacional del petróleo confirma su tendencia a la baja, pero todavía hay algo mucho más grave: la caída de nuestra producción para exportar. Con ello quedan seriamente amenazados los ingresos de divisas para nuestro país en 2007.

Hace un ano vendíamos el barril de nuestra mezcla nacional a 52 dólares y hoy se cotiza a 43, y bajando. La situación es muy seria, pero ni por asomo es la peor que habremos de enfrentar en los meses y anos por venir. Esa está relacionada con otro factor: la declinación del yacimiento de hidrocarburos más grande del país, que desde que lo descubriera por accidente el pescador Rudesindo Cantarell, en 1979, genera casi la mitad de la producción mexicana de petróleo. En 2003 daba 2 millones 120 mil barriles al día y este ano sólo generará un millón 400 mil barriles, sin que el país haya invertido en formas alternativas de energía y sin dinero para emprender nuevos trabajos de exploración y perforación.

Tan serio es el problema que México anunció ya que para este ano suspenderá sus embarques de crudo para la refinería Deer Park, en Texas, por falta de materia prima para enviar, iniciando así un programa progresivo de recortes de exportaciones.

Se diluyó la riqueza y lo inquietante es que parece que sólo sirvió para que el país saliera una vez más al paso de sus compromisos presupuestales, pero sin haber hecho de esos ingresos un fondo de resistencia para el futuro. Se ha contabilizado que del ano 2000 al 2006, la mayoría de los ingresos petroleros se fueron derechito a gasto corriente y no a inversión.

Dicen los expertos de Pemex que México requiere en los próximos anos la perforación de cerca de 20 mil pozos con inversiones de 30 mil millones de dólares, con la finalidad de explotar adecuadamente sus recursos. Este número de pozos se aproxima al total que se han perforado en México en toda su historia. Pero como no hay reinversión de utilidades en Pemex y más de 90% de sus ingresos se van a financiar casi la mitad del gasto nacional, pues no hay forma de enfrentar el futuro.

Hay quienes opinan que es momento de que entre la iniciativa privada a cofinanciar el sector energético. En contraparte, hay quienes rechazan tajantemente dicha posibilidad aludiendo altos riesgos para la soberanía nacional.

La polarización que el tema genera es enorme. Sin embargo, ya no hay tiempo para eludir la necesidad de que todos los actores económicos, políticos y sociales del país le entren con seriedad al debate de una reforma fiscal de fondo, que despetrolice las finanzas nacionales, que diversifique sus fuentes de ingreso y otorgue un respiro a Pemex, para que la declinante producción de hidrocarburos y los vaivenes en los precios del barril de petróleo no sean factores determinantes del empobrecimiento nacional.

Sin dogmatismos ni intolerancias, hay que enfrentar la realidad que nos apabulla en cuanto a los rendimientos decrecientes de crudo para encontrar soluciones constructivas.

Tras las borracheras que nos hemos puesto con petróleo recurrentemente, hoy más que nunca tiene validez la alegoría poética de López Velarde: El Nino Dios te escrituró un establo / Y los veneros de petróleo el diablo. (El Universal)