El búmeran del gasto electoral

El derroche en los gastos electorales de partidos y candidatos podría influir adversamente en los resultados que éstos pretendan, según la encuesta nacional en viviendas de El Universal, la cual revela que 80% de los ciudadanos estiman los gastos como excesivos y 34% admite que votaría por el partido y el candidato más austeros.

Es importante resaltar que ese 34% anda cerca de la cifra estimada como necesaria para obtener el triunfo presidencial que se disputará entre los tres partidos principales el domingo 2 de julio de 2006.

El ciudadano tiene dos maneras fáciles de apreciar el gasto electoral: la publicidad en medios y carteleras, y los actos masivos de campana con su correspondiente reparto de artículos utilitarios. Tanto la propaganda política como los actos públicos son instrumentos básicos de cualquier campana electoral, pero su costoso empleo, abusivo, desproporcionado, no se compagina con la estrechez del entorno cotidiano de la mayoría de los sufragantes.

Como contrapartida, la propaganda concebida para emocionar, no para razonar resulta de una pobreza conceptual que suele sembrar más dudas que las ilusiones que insufla. Los poseedores del llamado voto duro, incondicional para su partido en cualquier circunstancia y con cualquier candidato, lo emiten automáticamente, y quienes desean justificar ante sí mismos su voto, para decidirlo responsablemente, sopesan la impresión que les da el candidato, la ideología del partido, las propuestas de campana, el resultado en los debates.

Ahora, toda la presencia en medios no significa gastos electorales. Hay candidatos que crecieron por su habilidad no sólo para infiltrarse cotidianamente en los espacios de comunicación masiva, sino también para imponer la agenda de prioridades de información política del día sin gastar un centavo, pero montados en su estructura de poder público, con los recursos materiales y humanos inherentes.

A partir de enero, el elector habrá de ir conociendo cuáles son los problemas torales de México según cada candidato, cuáles son las propuestas de cada quien para resolverlos, en cuánto tiempo, con qué estrategias y a qué costo. Pero esto no admite vaguedades ni generalidades, sino honestidad y precisión. Las fórmulas mágicas para ganar elecciones deben quedar en el pasado, porque es muy arduo despertar con un gobernante que como candidato prometió cosas, que sabía que no iba a cumplir, solamente para ganar la elección.

Cierto, todo México espera propuestas razonables, ideas viables y buena disposición de los partidos y sus candidatos para enfrentar los grandes problemas nacionales.

La pobreza, el desempleo, el crimen organizado, la corrupción, el crecimiento económico, la mejoría del sistema educativo, del servicio de salud pública, el impulso a la producción campesina, y otros, son temas medulares que no alcanzan a tener cabida en la propaganda monumental ni en los anuncios televisivos en los que se derrochan millones de pesos que después harán falta para lo que más importa.

La encuesta de El Universal es una advertencia muy seria y muy bien fundada de que el magno volumen del gasto concedido a los partidos y a sus candidatos para sus campanas electorales podría tener un resultado adverso el día de la votación.

zPor qué no comenzar a moderarlo ahora, por iniciativa propia, antes de que la realidad nos imponga la necesidad de hacerlo? Al final de cuentas todos sabemos muy bien que esos fondos son parte del fruto del trabajo cotidiano de todos los mexicanos. (El Universal).