"Se trata de un viejo modelo de ""seguridad pública"" y es ahora -con la caída de Arturo Beltrán Leyva- que visitamos nuevamente sus alcances. Un delincuente, en este caso El Barbas, se coloca por encima del resto gracias a la relación privilegiada que establece con las autoridades; a cambio, éste acaba con el crimen común en la plaza donde se formuló el pacto. Tal era el plan para Cuernavaca y varios municipios más: someter a los pequeños delincuentes y proteger a la población civil, mientras el capo de capos se queda con el monopolio del comercio de narcóticos y su organización goza de plena protección.
En un escenario de creciente violencia, donde el ciudadano de a pie se encuentra en circunstancia de altísima vulnerabilidad -sea por la acción del menudo maleante, del mediano traficante o del gran mafioso- es tentador para quien gobierna aceptar dicha negociación: agenciarse una tregua que asegure la amigable y pacífica convivencia. Tan tentador que más de un presidente municipal en nuestro país ha escuchado el canto de las narco-sirenas. De esto precisamente se acusó a Mauricio Fernández, alcalde de San Pedro Garza García, el municipio más acaudalado del país, y a otras varias decenas de presidentes municipales, por cierto, pertenecientes a partidos políticos diversos.
De entre todos los mafiosos que han ofrecido el servicio de narco-seguridad, el más insistente había sido Arturo Beltrán Leyva, quien se hacía llamar El Jefe de jefes. Así consta por la estrategia publicitaria con que se hizo notar. Durante los últimos meses acumuló cadáveres, mutilaciones, ejecutados, amenazas y hasta actos calificados como terroristas en varias poblaciones, donde quería procurarse un jugoso acuerdo con la autoridad. El objetivo era fomentar la incertidumbre ciudadana, amedrentar a los gobernantes y crear la sensación de que la única opción posible para la ciudadanía y el poder público era someterse a la protección de su red delincuencial.
Con la persecución, acorralamiento y muerte de dicho personaje, lo que el gobierno federal hizo fue enviar un mensaje contundente a todos aquellos funcionarios municipales que llegaron a considerar la oferta.
Quien insiste con la idea del pacto entre el Estado y el narcotráfico olvida que se trata de la solución más inestable y peligrosa. Siempre habrá un capo que quiera probar fuerza con sus homólogos, que desee convertirse en el ""Jefe de jefes"", que proporcione más terror y más desasosiego para hacerse de un acuerdo conveniente sólo para su organización.
Llegó ya la hora de cerrar los oídos frente a estos ofrecimientos que, desde el mar del autoritarismo criminal, nos envían aún sus desafinadas notas.
El Universal
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