El sexenio está llegando a su fin con una aguda crisis en los servicios públicos, notoriamente en seguridad, pero también en suministro de agua potable, en cobros inauditos de consumo de electricidad y hasta en recolección de basura.
La vida cotidiana en la República -no hablemos ya de alta política, simplemente de lo que afecta al ciudadano común- es un caos. Sobre todo en el Distrito Federal resulta una aventura sortear la delincuencia callejera, los inflados recibos de luz y la pugna con el estado de México por el agua.
En el caso de los cobros por consumo de energía, algunos recibos, por ejemplo, dieron saltos de 519 a 12 mil pesos en dos bimestres, con la versión, imposible de verificar, de que se cargaban consumos previos por alteración de los medidores. Y no sólo eso, hay una práctica generalizada de quejas inatendidas o de empleados de Luz y Fuerza del Centro que manipulan los registros pidiendo gratificaciones al cliente.
La corrupción es uno de los problemas que hay que atacar, el otro es el mal servicio que deja a los indefensos usuarios ante una inaceptable alternativa: pagar o quedarse sin luz.
En cuanto a seguridad, estamos igual. En el Centro de Investigación y Docencia Económica, el director de la Agencia Federal de Investigación, Genaro García Luna, y el secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Miguel Ángel Yunes, reconocieron que el modelo policiaco vigente no funciona y advirtieron que se invierte de verdad el próximo sexenio o continuaremos con la angustia diaria de salir de nuestras casas en cualquier lugar del país sin la certeza de volver sanos y salvos a ellas.
Por lo que toca a la dotación de agua, el gobierno del estado de México, que aporta el 30% del consumo capitalino, demandó por lo que juzgan sobreexplotación de los mantos acuíferos. Para la Procuraduría General de la República, la deforestación y la contaminación de las aguas mexiquenses tienen otras causas, como los asentamientos humanos y las descargas industriales.
El fondo del asunto es que la cabal atención del suministro de agua al DF se ha postergado, se dispone de reservas ajenas y no hay intentos por retener parte de las abundantes lluvias del valle de México, en represas y cisternas. Además, buena parte del agua bombeada desde el sistema Lerma-Cutzamala y otros se pierde en fugas desatendidas.
No sólo es el Distrito Federal; Cuernavaca tiene casi un mes cubierta por la basura. Nueve mil toneladas se han acumulado desde que el 26 de septiembre la comunidad de Tetlama impidió el paso de los camiones con desechos de siete municipios al tiradero local porque el gobernador anterior, panista, incumplió sus compromisos para seguir usándolo.
Si las autoridades federales, estatales y locales, no son capaces ni siquiera de proporcionar seguridad, lograr que el agua salga de los grifos, cobrar lo justo por la energía y barrer las calles, estamos en situación de seria crisis, porque, además, los diputados prefieren usar su valioso tiempo no en legislar para mejorar condiciones de la vida cotidiana de los mexicanos, sino en aliarse para ocultar información, enfadados de que se les pida rendir cuentas públicamente acerca de algunos de sus gastos y privilegios. (El Universal)











