"El presidente Felipe Calderón está comprensiblemente preocupado por mejorar la imagen de México en el mundo, por lo que se espera instruirá a embajadores y cónsules, reunidos a partir de hoy en la Secretaría de Relaciones Exteriores, a proyectar la visión de un país seguro y estable, con un gobierno que combate el narcotráfico con firmeza.
El ascenso de los estados marca es parte de la nueva diplomacia. Las bufandas de Hermés y el Beaujolais Noveau evocan el arte de disfrutar la vida en Francia; el made in USA la libertad individual y el sueno de prosperidad en Estados Unidos; un BMW y los Mercedes, la confiabilidad y eficiencia en Alemania; Irlanda quiere ser un país verde y Gran Bretana usa la palabra cool para proyectarse como polo de industrias de entretenimiento zEstamos mezclando peras con manzanas, productos con nacionalismo? No, el concepto de país marca está compuesto por las ideas que el resto del mundo tiene sobre un Estado a partir de sus productos, actividades y las emociones que evoca.
Crear y proyectar una ""marca México"" no es solamente una cuestión ornamental. La buena impresión que de nuestro país se tenga en el mundo es indispensable para el turismo, la inversión y la cooperación internacional.
Cada vez que hay una acción de violencia entre narcotraficantes o los conflictos sociales y políticos se hacen escandalosos, como sucedió en Oaxaca, se lanzan advertencias a los turistas para extremar precauciones o de plano cancelar viajes.
Establecer y luego fortalecer la ""marca México"" no está dirigido solamente al fomento turístico. El buen nombre de un país facilita la expansión de su trato económico y cultural, político y social, con todas las naciones. La esencia misma de la función diplomática.
Por eso es necesario que a la convocatoria del Presidente a los embajadores y cónsules correspondan acciones que les den sustento. La seguridad es un reto muy grande que está siendo atendido con un despliegue de fuerza inusitado. Es muy temprano para endilgarle calificativos de éxito o fracaso, cuando desde el principio se advirtió que sería un combate, largo, duro y doloroso. Tampoco será deseable que esto sea lo único que se puede proyectar durante el sexenio calderonista como ""marca México"".
La nueva imagen, por supuesto, no la puede conseguir el gobierno solo. Todos, con nuestro comportamiento en nuestras actividades, contribuimos a edificarla cada día porque no puede partir de un simple lema gubernamental; por el contrario, tiene que implicar una modificación de fondo. El combate a la pobreza extrema, por ejemplo, no responde a una política de buena imagen, sino a una exigencia de igualdad social y de progreso nacional compartido, así como el fortalecimiento del estado de derecho, apostar a vivir en un sistema de leyes, válido para nacionales y extranjeros, no puede ser un simple logo sino una garantía para convivir y hacer negocios.
En resumen, empenarnos en mejorar al país permitirá que nuestros diplomáticos trabajen en proyectar en el mundo posmoderno de las imágenes y la inducción, los valores y las emociones positivas que muchos deseamos asociar con la palabra México. (El Universal)
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