Las calles de los barrios céntricos de la ciudad apreciaron el inicio del carnaval Zoque, tradición que habitantes tuxtlecos conservan a pesar del paso del tiempo.
El danzante emplumado, también conocido como Napapok-etzé, es quien comanda la danza. Él representa al sol, su vestimenta roja simula al astro solar, sobre su cabeza lleva un penacho de plumas dando el aspecto de un guerrero.
Este personaje va acompañado también de las Alacandú -niñas ataviadas con la vestimenta tradicional zoque que representan a la luna y el Suyuetzé-, y de hombres vestidos de mujer zoque, quienes representan a aquellas que perdieron la vida en el parto.
La festividad consta de cinco días previos a la cuaresma, durante los cuales los danzantes visitan a las familias que cuentan con santos antiguos y a quienes fallecieron, pero que fueron precursores de la tradición para danzarles en su honor.
La familia Juárez Martínez recibe todos los años a los visitantes que acompañan la danza del carnaval. Relatan que para ellos este año es especial, debido a que la pandemia modificó la visita a los santos.
El año pasado todo se celebró en una caravana de carros, pero hoy todo vuelve a como era antes; la sonrisa de los lugareños revela la alegría de ver a los danzantes bailar de nuevo en su hogar.












