El cerro de Mactumactzá| una zona de alto riesgo

Marco González * CP. Colonias como Cueva del Jaguar, Lomas de Oriente, Aires de Oriente, Los Pájaros, 6 de Junio, Colezquizán, Fraccionamiento Zoque, entre otros asentamientos, se encuentran en las faldas del cerro de Mactumactzá, sobre una falla local, lo que los hace altamente vulnerables, además el tipo de suelo no es el propicio.

Al inicio de la década de los noventa, en el Fraccionamiento Zoque, un porcentaje importante de las casas presentaron una serie de cuarteaduras. A otras les empezó a brotar agua en la sala, recámaras y patio. El entonces delegado de la Secretaría de Desarrollo Urbano (Sedue), Mauricio Leguízamo, señaló que la falda del cerro Mactumactzá era una zona de muy alto riesgo para las viviendas.

Nadie o casi nadie tomó en cuenta la consideración del entonces funcionario federal y se continuaron dando permisos para nuevos asentamientos y fraccionamientos.

Años después empezaron a resentir fallas similares algunas casas en Lomas del Venado y Oriente. En un futuro serán otras. No se puede predecir la fecha exacta, pero sucederá, dice el geofísico Marco Antonio Penagos Villa, secretario del Colegio de Ingenieros en Ciencias de la Tierra.

En Cuevas del Jaguar hay alrededor de unas 160 casas que están en riego. Eso lo saben los expertos y también las autoridades, por eso no se ha permitido que la gente las habite. Tarde se dieron cuenta del peligro y eso sucederá en otros casos sobre las faldas del cerro del Mactumactzá, porque ahí hay una falla y podría estar reactivándose.



Alerta preventiva

Los epicentros sísmicos alineados a lo largo de la falla, en su recorrido sur por Tuxtla Gutiérrez y monitoreado por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS por sus siglas en inglés), son una muestra clara de que todavía está en proceso de activación.

Ante esta situación, Penagos Villa recomienda efectuar un estudio minucioso de la falla en cuestión para conocer el grado de peligrosidad, no sólo de la zona, sino de toda la capital chiapaneca. Más vale prevenir que lamentar sucesos fatales, advierte el especialista.

Desde hace siglos los zoques peregrinaban hacia las faldas del Mactumactzá pero no lo habitaban; decían que se escuchaban ruidos que salían debajo del suelo. Otros advertían que era un volcán de agua.

Los cierto es que en la actualidad los colonos que han llegado asentarse en las faldas del citado cerro dicen que el suelo se mueve. Muchas de las viviendas en las colonias citadas al principio de este trabajo tienen problemas estructurales, en las tuberías de agua, drenaje, pavimento, entre otros.

Entre el 2004 y el 2005 el suelo de las colonias Lomas de Oriente y Cueva del Jaguar aceleró su deslizamiento con dirección sur-norte, lo que originó que las viviendas colapsaran, fracturaran e inhabilitaran. El deslizamiento se sigue generando, pero al no tener instrumentación geofísica, ni siquiera testigos del deslizamiento, es imposible precisar y cuantificar el movimiento de ese suelo compuesto en gran porcentaje de arcilla altamente expansiva.

En época de lluvias, cuando se satura el subsuelo y los mantos freáticos se han recargado a su máxima capacidad, el suelo de gran parte de las faldas del cerro Mactumactzá, sobre todo los ubicados sobre la falla del mismo nombre, se vuelven potencialmente muy peligrosos.

Quizá por ello los antiguos zoques jamás se asentaron en esos lugares. Así evitaron los riesgos innecesarios. Sin embargo, ahora, se construye sobre esta falla que viene desde Chiapa de Corzo y atraviesa de oriente a poniente la zona sur de la capital chiapaneca, misma que se extiende hacia Terán y El Arenal, para desplantarse hacia Ocozocoautla y Cintalapa.

En los últimos 30 años (del 31 de agosto de 1981, 22 de julio de 1986 y 2 de diciembre de 1998) han ocurrido tres epicentros de sismos de más de cuatro grados en la escala de Richter en la falla, a profundidades intermedias, y de ocurrir un temblor más superficial, de menos de 20 kilómetros, podría sobrevenir un deslizamiento de tierra en una amplia zona del sur de la ciudad, ello porque los suelos no están consolidados, aún.

Cuando Mauricio Leguízamo sugirió no olvidar la experiencia de los zoques que jamás se asentaron sobre las faldas del Mactumactzá, no era gratuito, porque aun y cuando tenían fuentes de aprovisionamiento de agua en sus cercanías, ellos prefirieron prevenir que lamentar. Ahora se reta el destino, aunque una unidad habitacional esté abandonada e inservible. Esos son los riesgos de no abrevar en la historia.

Por lo pronto, dice Marco Antonio Penaos Villar, es urgente de forma preventiva realizar el estudio colocando testigos a lo largo de la traza de la falla, consistentes en posicionadores geosatelitales para determinar el deslizamiento, además la colocación de un sismógrafo. Claro que el estudio físico del subsuelo se hace indispensable.

Salvar vidas y el patrimonio de los ciudadanos es una prioridad ante tantas calamidades que se viven en el país y el mundo, y donde los chiapanecos no estamos exentos.