"El ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Juan Ramón de la Fuente, captó muy bien la percepción que mucha gente tiene de nuestra política como un desagradable espectáculo de circo.
En el seno de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, dominada por diputados del Partido de la Revolución Democrática, donde recibió la medalla al Mérito Ciudadano, De la Fuente dio el diagnóstico del mal.
En efecto, en muchos de los episodios del poder público son notables los ilusionistas que desaparecen las cosas -incluso la esperanza-, los equilibristas que apenas se mantienen en su sitio y los trapecistas que cambian de columpio a su gusto.
También hay acróbatas, contorsionistas, pulsadores, saltimbanquis, domadores de fieras y payasos, atentos solamente a sus gracejadas, con olvido de las de los demás y por ello imposibilitando un diálogo coherente.
Es un círculo vicioso que está en constante proceso de retroalimentación y definitivamente no ayuda a incrementar la calidad de gobierno y mucho menos la fe de los mexicanos en su sistema, sus gobernantes o la democracia. Más bien todo lo contrario.
Con unos modelos político y económico exhaustos, la democracia es amagada por la intolerancia de quienes abrigan aspiraciones hegemónicas y autoritarias, con exclusión de quienes no se sometan.
""Transitamos entre piruetas de cuerda floja, coléricas denuncias y golpes de pecho de santurrones. Ni unos ni otros le ayudan a la democracia"", afirmó con una firme barrida de izquierda a derecha.
La comparación planteada puede ofender a alguno o algunos de los participantes en el circo, pero ciertamente refleja el sentimiento creciente entre mexicanos apartidistas e incluso militantes y era importante que fuera manifestado públicamente.
Aunque como dice acertadamente Federico Serrano-Díaz, director de Difusión del Circo Atayde Hermanos: ""Si la política mexicana funcionara como un circo, sería un arte perfectamente organizado, y no lo es. Por eso creemos que el espectáculo circense está en las antípodas de la clase política mexicana y de la denigrante forma de hacer política"".
Por supuesto, no se condena a la política como tal, sino a los políticos mexicanos que no están a la altura de esta actividad fundamental de la vida pública y que han sido encumbrados por muchas razones ajenas a sus verdaderos conocimientos, capacidades y experiencias. (El Universal)
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