El ciudadano secuestrado

"Miguel Carbonell * El Universal. Muchas veces se piensa que los derechos fundamentales protegen a los individuos de los poderes públicos. Por eso, ciertas medidas de protección a los acusados de delito se consideran perjudiciales para la sociedad porque ""protegen a los delincuentes"". Es al revés: los derechos fundamentales nos protegen a todos. No hay choque entre derechos humanos y seguridad pública, sino al contrario: sentirnos seguros en nuestra persona y bienes es un derecho fundamental.

Para lograrlo las autoridades deben realizar todas las medidas necesarias, dentro de la ley, para que podamos salir a la calle sin sentirnos amenazados ni tener la preocupación de ser víctimas de algún delito. Tal es la tarea básica de cualquier Estado. Sin un mínimo de seguridad personal los demás derechos fundamentales se desvanecen en el aire.

Lamentablemente la eficacia del Estado mexicano ha estado por debajo de lo indispensable en una sociedad democrática. Las autoridades han fallado por décadas y no se observa una estrategia exitosa en combatir al crimen. Frente al asesinato de un joven secuestrado, el líder parlamentario de uno de los principales partidos ofreció la vieja receta de la pena de muerte, que se ha probado ineficaz por siglos.

Parte del fracaso se debe al abandono de los cuerpos policíacos. La policía ha sido un negocio que funciona con reglas propias y que ha enriquecido a muchos de sus elementos. Está infiltrada y no tiene ni ganas ni recursos para enfrentar al narco o a las bandas de secuestradores. La SSP federal admite que la mayoría de los más de 400 mil policías tiene problemas de salud. En 2006, exámenes médicos detectaron que 61% tiene algún padecimiento Otros estudios senalaron que 22% requiere apoyo psicológico preventivo para realizar bien su trabajo, 16% apoyo psicológico permanente y 10% una evaluación sicológica profunda. zCuántos de ellos engrosarán la nómina del crimen? Los estudios indican que esos policías tienen problemas para manejar el estrés, no son capaces de enfrentar conflictos, muestran ansiedad, tienen actitudes derrotistas y se les dificulta controlar sus impulsos agresivos.

Tenemos que resolver un reto enorme y el personal disponible para enfrentarlo está incapacitado. Si no ponemos a los mejores hombres y mujeres al frente de la lucha contra la delincuencia, muy poco se logrará. Necesitamos pagarles bien a los buenos policías, darles condiciones óptimas de trabajo, equipo de protección, armas adecuadas, sistemas de inteligencia. Pero también preocuparnos por las personas que, desde las procuradurías, llevan a los detenidos ante un juez para acusarlos de haber cometido algún delito. Necesitamos crear las condiciones para tener MP que sean excelentes abogados, aprecien su trabajo y se sientan protegidos en su labor.

Es indispensable, asimismo, ver nuestros reclusorios. Hay evidencias para pensar que muchos criminales sueltos pasaron por un centro de detención, cárcel o reclusorio. En los penales reina la corrupción y muchos delincuentes se convierten en sicarios y secuestradores. Tenemos que lograr que la privación de la libertad sirva para algo diferente de la formación y reclutamiento de cuadros para el crimen.

Mientras eso no se logre los ciudadanos seguiremos estando en una especie de secuestro virtual, intranquilos de salir a la calle, viajar y disfrutar de nuestras ciudades. Y seguiremos enfadados con las autoridades, que se han mostrado negligentes, ineficaces y corruptas. Y así seguirá hasta convencernos de que mientras esas mismas autoridades sigan al mando, será imposible contar con seguridad pública. A lo mejor el problema no son los delincuentes (que siempre existirán), sino las autoridades que nos han fallado, y a las que no se les observa capacidad o plan alguno para dejar de fallarnos.



www.miguelcarbonell.com

Investigador en el IIJ-UNAM

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